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¿Cómo afrontar el duelo tras el fallecimiento de un ser querido?

¿Cómo afrontar el duelo tras el fallecimiento de un ser querido?


En la vida nos enfrentamos a menudo a pérdidas y separaciones, que son especialmente díficiles de encajar cuando se trata de un familiar o ser querido. El duelo es el proceso de adaptación que sigue a esa pérdida. Habitualmente, se trata de  un proceso normal en el que se asume con naturalidad la inevitabilidad de la muerte.

En un duelo normal se experimenta incredulidad, confusión, tristeza, enfado, remordimientos, añoranza… pero, poco a poco, se va aceptando esa nueva realidad, elaborando el dolor de la pérdida y adaptándose a una nueva vida sin la persona fallecida, para lo cual es necesario encontrar nuevas ilusiones y motivos para seguir adelante. Se considera que se ha superado el duelo cuando la persona es capaz de pensar o hablar sobre el ser querido fallecido sin dolor.

¿Qué es el duelo patológico?

Hablamos de duelo patológico cuando la persona que lo sufre no acepta la pérdida o es incapaz de superarla y se cronifica su sufrimiento. Pueden aparecer depresión, angustia, insomnio, pesadillas, sensaciones de presencia, flashbacks, autorreproches, ambivalencia, pensamientos intrusivos, apatía, fatiga, aislamiento y desesperanza… entre otros muchos síntomas, ya que el duelo es personal y único.

Tal y como explica el psicoterapeuta de IMQ AMSA, Juan Uribe, «no hay dos personas que reaccionen igual ante una misma pérdida. A veces hay quien no sufre, no llora, no siente nada, se queda como bloqueado. Puede ser que ya haya hecho su duelo anticipado al tratarse de una muerte prevista tras una larga enfermedad; o puede tratarse de un duelo enmascarado, en el que la persona puede expresar el dolor de otra manera, por ejemplo por vía corporal haciendo una enfermedad somática. O puede que tenga el sufrimiento congelado y aparezca la depresión mucho tiempo después de la pérdida, lo que se conoce como duelo retrasado».

Asimismo, el especialista de IMQ detalla que «hay distintos factores de riesgo que propician duelos complicados: si el fallecido es un niño o ha muerto por suicidio o muerte violenta o inesperada, o no aparece el cadáver, son situaciones especialmente difíciles de superar». El duelo también suele ser más complicado para las personas con antecedentes de depresión, que han experimentado otras pérdidas significativas o tienen una relación de excesiva dependencia hacia el difunto o difunta. Además, contar con una limitada red de apoyo socio-familiar implica también a menudo mayores dificultades para adaptarse a la nueva situación.

¿Es necesaria la terapia para superar el duelo?

En los casos de duelo complicado se recomienda acudir a terapia. De esta forma, el terapeuta ayuda a la persona doliente a aceptar la pérdida, expresar el dolor y gradualmente ir aceptando una vida sin el ser querido. La terapia permite encontrar un lugar en el recuerdo donde conservar las vivencias positivas con el ser fallecido y a la vez recuperar las ganas de vivir. «Se trata de no quedar muerto en vida y seguir adelante porque cuando se va un ser querido también se lleva con él partes nuestras que nos dejan vacíos y tenemos que poder ir rellenando con aspectos nuevos que nos revitalicen», señala el experto de IMQ AMSA.

La terapia de grupo puede ser muy útil en estos casos al permitir que personas que están pasando por lo mismo establezcan potentes redes de apoyo en las que la empatía juega un papel fundamental. Es importante recordar a familiares y amistades que deben respetar los tiempos del doliente. «Hay quien necesita aferrarse al recuerdo del ser querido, que siente que le traiciona si le olvida y rehace su vida… y no tenemos que forzarles a que pasen página ni se animen, sino acompañar y darles el tiempo que necesiten sin presionar», señala Uribe.

Por último, el especialista de IMQ AMSA recuerda que «un intenso y paralizador sufrimiento por una pérdida no tiene por qué referirse solo a un fallecimiento sino que puede abarcar muchas otras cosas: una pareja en una ruptura, el trabajo en la jubilación, el país en la migración… Son pérdidas que nos duelen pero también nos ponen a prueba y, si transitamos bien por el duelo, podemos salir incluso fortalecidos y encontrar un nuevo sentido a la vida».



Sources:
elcorreo-com

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