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Inflación, recesión y demás costos de un programa que solo piensa en el dólar


Los relevamientos privados venían anticipando que la inflación de septiembre sería muy abultada, la mayor desde la traumática salida de la convertibilidad. Aun así el informe del INDEC conocido esta semana sorprendió con algunos datos que ponen en duda los pronósticos oficiales que anticipan una desaceleración de la inflación a partir del mes próximo y sugieren en cambio que a los precios minoristas les quedaría terreno para seguir aumentando.

 

Según el INDEC la inflación del mes pasado fue de 6,5 por ciento, la más alta desde abril de 2002, pero la variación del IPC núcleo –que no toma en cuenta precios estacionales ni regulados-  fue todavía mayor y alcanzó 7,6 por ciento. Desde inicios de año los precios aumentaron 32,4 por ciento y en los últimos 12 meses, 40,5 por ciento.

 

Conocidos los números lapidarios de septiembre, la gran pregunta que quedó planteada es qué pasará con los precios en los próximos meses. La cuestión no es menor ya que de ello dependerá cuánto perderán los salarios y cuánto más seguirá cayendo el consumo, entre otras cuestiones para nada menores.

 

En un intento de poner paños fríos, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aseguró que la inflación estaba bajando. Sin una argumentación más o menos convincente que la respalde, la declaración sonó a una imitación tardía de la frase patentada por Marcos Peña “lo peor ya pasó”.

 

Para los analistas, la inflación de octubre ya está jugada y será alta, del orden del 5 por ciento. Pero de allí en adelante las opiniones difieren. La consultora Ecolatina, por ejemplo, proyecta subas del orden del 3 por ciento para noviembre y diciembre, lo que llevaría a cerrar 2018 con una inflación de 50 por ciento.

 

Los más pesimistas a la hora de proyectar la inflación a mediano plazo se apoyan en un dato duro difícil de soslayar: la inflación mayorista viene corriendo al doble de velocidad que la minorista. En septiembre, siempre según el INDEC, los precios a salida de las fábricas o al inicio de la cadena de comercialización se incrementaron 16 por ciento y en los primero nueve meses acumulan una variación de 66 por ciento, más del doble del 32,4 por ciento acumulado por el IPC en el mismo período.

 

Esos números sugieren que las cadenas comerciales vienen absorbiendo inflación a costa de resignar márgenes de rentabilidad, con el objetivo de evitar que las caídas registradas en los volúmenes de venta sean todavía mayores. Queda claro que la recesión está jugando a favor de contener una inflación que de otro modo sería mucho mayor, no menos evidente es que esta dinámica de precios mayoristas corriendo más rápido que los minoristas no podrá sostenerse por mucho tiempo más.

 

Economistas como Jorge Ávila, de la UCEMA, son más optimistas con relación a la inflación y anticipan que se reducirá drásticamente por obra de la política de emisión monetaria cero combinada con tasas de interés estratosféricas que literalmente dejaría a la gente sin plata en los bolsillos para consumir, lo que forzaría un “colapso” en la tasa de inflación, que en ese escenario no sería lo único que colapsaría, también lo haría el consumo y la calidad de vida de los argentinos.

 

Único objetivo

 

En el análisis de las causales de la inflación no hay discrepancias, todos apuntan al mismo villano: la devaluación y en menor medida a la quita de subsidios a los servicios públicos. En todo caso, si la inflación es promovida por el dólar, cabe preguntarse por qué no se detuvo en las últimas semanas cuando la cotización de la moneda estadounidense bajó en relación al peso. La explicación debe buscarse en la magnitud de ambos movimientos, en agosto el dólar aumentó más de diez pesos para llegar al parámetro de 40 y desde ese punto bajó menos de tres pesos.

 

Desde las consultoras que siguen de cerca la relación dólar-inflación advierten que aun con la reciente apreciación del peso, el salto cambiario de agosto seguirá impulsando los precios al menos hasta fin de año.

 

¿Qué pasaría si el dólar volviera a correr como en agosto?  Los efectos serían tan devastadores que los analistas ni siquiera se animan a proyectar un escenario teórico que contemple esa posibilidad. En diálogos informales vuelven a sonar dichos de Carlos Melconian cuando en junio advertía con tono de pitoniso que “se puede ir todo a la mierda”.

 

Los técnicos del Gobierno nacional también están al tanto que una nueva corrida contra el peso sería catastrófica, de allí que no sorprenda que el único objetivo en materia económica del mejor equipo de los últimos 50 años sea contener al dólar. Atrás quedaron los tiempos en los que el Gobierno nacional soñaba con bajar la pobreza, reducir impuestos, generar trabajo, dinamizar la economía, captar inversiones, crecer. Hoy nada de eso tiene la menor importancia para el equipo que encabeza Dujovne que a lo único que aspira es a sostener al peso aunque ello vaya en contra de todos los demás objetivos alguna vez planteados.

 

El titular de Hacienda admite con naturalidad que este año los salarios van a perder por goleada frente a los precios y por escándalo contra las tarifas y su par de Industria Dante Sica reconoce que los niveles de actividad están en caída libre y que no hay mucho por hacer para evitarlo.

 

Toda la política económica y monetaria apunta a contener al dólar a cualquier costo. Con el sencillo argumento según el cual “sin pesos nadie podrá comprar dólares” (Dujovne dixit)  el Central lleva adelante una política de restricción de la emisión monetaria que efectivamente está dejando a los argentinos sin plata para comprar dólares, pero también sin pesos para comprar alimentos y pagar servicios.

 

Los que sí tienen pesos (y muchos) son los bancos, para ellos el Central inventó las Leliq, instrumento financiero que les garantiza ganancias inusitadas para que no caigan en la tentación del dólar. La contrapartida de esta política es convivir con tasas de interés que elevaron a la estratósfera los costos de financiamiento, plancharon los niveles de actividad e hicieron de Argentina un paraíso para la especulación y un infierno para la producción.

 

Además, con cada licitación, se agranda el stock de Leliq y con ello la amenaza de crear una bomba más poderosa que la que armó Federico Sturzenegger con las Lebac. Uno de los que advirtió este peligro fue el economista Guillermo Nielsen, para quien las Leliq son “infinitamente más peligrosas” que su antecedente.

 

“Hay que matar a las Leliq como había que haberlo hecho tempranamente con las Lebac y no se hizo. No vaya a ser cosa de dejarlas crecer y en unos meses tenemos otro cimbronazo”, sostuvo el exsecretario de Finanzas.

 

“Lo que tenemos ahora es la manifestación de la explosión de las Lebac, como consecuencia de no haberlas desactivado. Sobre todo, por las reverberancias que tiene sobre los precios. Y ahora pusieron en marcha bonos que son hijos de las Lebac, como los Leliq, infinitamente más peligrosos, porque tenemos vencimientos diariamente”, consideró.

 

Presencia provincial

 

La política nacional de frenar al dólar a cualquier costo está generando en todo el país un impacto social y económico que se revela más profundo conforme pasan los meses. Ante ese contexto, algunas provincias decidieron adoptar un rol más activo, bien para cubrir la retirada de la inversión nacional en áreas sociales, bien para adoptar medidas orientadas paliar los efectos devastadores que están generando las políticas de Cambiemos en la actividad económica.

 

Misiones es una de las provincias que logró marcar una diferencia en ese sentido, en buena medida gracias a que la crisis la encontró con las cuentas en orden y con un bajísimo nivel de deuda (casi toda nominada en pesos).

 

Esta semana el Gobierno provincial volvió a dejar constancia de ello con una serie de medidas de alto impacto. La más significativa de ellas todavía no la anunció formalmente el gobernador Hugo Passalacqua pero ya la anticipó el presidente de EMSA, Guillermo Aicheller: la Provincia cubrirá con recursos propios la tarifa social de la energía que la Nación dejará de pagar el año próximo, aunque todavía queda por definir cómo se instrumentará.

 

Para la producción también hubo anuncios. A poco de iniciarse la cosecha de té, el Gobierno provincial firmó un convenio con el Consejo Federal de Inversiones (CFI) para poner en manos de los pequeños exportadores una línea de prefinanciamiento de 70 millones de pesos a tasa cero (en dólares) si se devuelve antes de los seis meses y de 2,5 por ciento anual si se devuelve después de ese plazo.

 

Para el sector, el anuncio es de vital importancia porque las tasas de interés de mercado para pymes no bajan de 80 por ciento anual y los tealeros dependen del financiamiento para levantar la cosecha.

 

Sobre el final de la semana, Passalacqua lanzó el plan “Arreglo mi Casa”. De operatoria similar al “Mejor Vivir”, persigue el doble objetivo de reactivar los alicaídos niveles de demanda en el sector de la construcción y brindar una solución concreta a la necesidad de muchas familias misioneras de ampliar o mejorar sus viviendas.

 

El Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional (Iprodha) será el encargado de llevar adelante el programa. Su presidente, Santiago Ros, señaló que se analizaron datos del Censo Habitacional y Sanitario lo que permitió detectar un número importante de viviendas con instalaciones sanitarias inadecuadas, o que no reúnen el número necesario de habitaciones de acuerdo a la composición del grupo familiar.

 

Las familias que habitan esas viviendas serán los beneficiarios prioritarios de los créditos blandos que otorga el programa que prevé financiar la autoconstrucción o administración propia del crédito para que los destinatarios puedan construir, completar, refaccionar o ampliar las instalaciones sanitarias, o en el caso de tener resueltas las necesidades básicas sanitarias pueden construir o ampliar la vivienda.

 

Además, en las jornadas previas al día de la Madre, tuvo lugar una nueva versión del Ahora Misiones, con opciones de financiamiento a tasa cero en hasta 12 cuotas y reintegros de hasta 15 por ciento que permitió un buen nivel de ventas en comercios de toda la provincia.

 

Partidos divididos

 

A diez meses de las PASO el objetivo de unidad parece todavía lejano para el peronismo, pero la amenaza de una fractura tampoco es ajena a Cambiemos. En el Día de la Lealtad todos los dirigentes que subieron a algún estrado a pronunciar un discurso conmemorativo se mostraron partidarios de la unidad, sin embargo la multiplicidad de actos dejó en claro que para el peronismo será difícil cerrar filas de cara a 2019.

 

Los actos principales se realizaron en Tucumán y Buenos Aires. El primero pretendió aglutinar al peronismo no kirchnerista, asistieron Sergio Massa, Daniel Scioli, los gobernadores de Catamarca (Lucía Corpacci) y Sergio Casas (La Rioja) y los dirigentes sindicales Rodolfo Daer y Luis Barrionuevo, además del anfitrión José Manzur. El acto de la pata kichnerista se realizó en Merlo, Buenos Aires y fue organizado por un grupo de intendentes del Conurbano.

 

El principal dilema que enfrenta hoy el peronismo pasa por el lugar que debería ocupar Cristina. Sin dudas es la candidata con mayor intención de voto, pero también es la que arrastra el mayor porcentaje de imagen negativa, lo que le impondría un “techo bajo” de votos. La lectura que prima en los espacios no kirchneristas es que una eventual candidatura de Cristina se impondría con seguridad en unas eventuales PASO ante cualquier otro peronista, pero tendría pocas chances frente al candidato de Cambiemos en segunda vuelta, producto del “techo bajo”.

 

Más interesados en lo que pueda ocurrir en su pago chico que a escala nacional, los intendentes del Conurbano son el principal respaldo de Cristina. Los jefes comunales de los populosos distritos que conforman el cinturón que rodea a la Cuidad de Buenos Aires saben que la expresidente es la que más votos arrastra en sus territorios y la quieren en sus boletas. Además la suerte de los intendentes se juega en la primera vuelta, por lo tanto no los seduce tanto un candidato que pueda funcionar mejor en una hipotética segunda vuelta.

 

Mientras el ala no kirchnerista siga sin encontrar un liderazgo con capacidad de aglutinar los pedazos rotos del peronismo, crecen las posibilidades de que la líder de la oposición en las próximas elecciones sea Cristina. Seguros de que la podrán vencer, desde Cambiemos rezan para que ello ocurra.

 

La unidad tampoco es materia sencilla para la alianza gobernante. El principal foco de conflicto tiene nombre y apellido: Elisa Carrió, pero también hay ruido con los radicales e incluso con una de las figuras estelares de esa fuerza, Eugenia Vidal.

 

Poco acostumbrada a retroceder, la diputada chaqueña no cedió ante la presión del círculo rojo que rodea al presidente y presentó el pedido de juicio político contra el ministro de Justicia, Germán Garavano, con el que venía amenazando. Tampoco bajó el tono en sus reiteradas apariciones mediáticas, en las que aprovecha para marcar diferencias cada vez más pronunciadas respecto al presidente Macri.

 

El principal temor con Carrió pasa por el proverbial poder de daño que ya demostró la fundadora del ARI, por ejemplo el día que destruyó una alianza con solo levantarse de su silla durante una conferencia de prensa. La peor pesadilla de Macri es tener que enfrentarla el año próximo en las elecciones generales, no porque la legisladora tenga posibilidades de ganar sino porque seguramente restará votos del núcleo duro de Cambiemos.

 

Los radicales se siguen quejando porque no los toman en cuenta a la hora de tomar decisiones y procuran despegarse de las medidas más impopulares que adopta el Gobierno. Nada nuevo, salvo por el hecho de que Ricardo Alfonsín se pasó la semana agitando algunas encuestas que lo muestran bien posicionado y amenaza con armar un frente progresista junto a Margarita Stolbizer y el socialista Miguel Lifschitz.  De nuevo, la amenaza aquí pasa por los votos que podría perder el macrismo a manos de esta variopinta alianza.

 

Con Vidal el enfrentamiento es más sencillo, es una cuestión de plata. Ocurre que a la gobernadora de Buenos Aires el presidente le había prometido sacarla de apuros presupuestarios con la recomposición del Fondo del Conurbano, sin embargo la seguidilla de dantesca de errores en los que incurrió el equipo económico nacional terminó diluyendo el mencionado Fondo en un océano de inflación.

 

Leyes innovadoras

En el plano provincial, la Legislatura sancionó la regulación a la utilización de radares de control de velocidad. Los diputados provinciales aprobaron el proyecto presentado por el presidente del Poder Legislativo, Carlos Rovira. La norma integra una iniciativa con el mismo fin, presentada oportunamente por la ex legisladora María Losada. La medida abarca los sistemas de control del tránsito vehicular mediante la utilización de radares fotográficos y equipos de medición y comprobación de velocidad, tanto fijos como móviles, en rutas nacionales, provinciales o que atraviesen ejidos urbanos municipales de Misiones.

 

También se convirtió en ley el proyecto del diputado Martín Sereno que prohíbe el uso del glifosato, sus componentes y afines, en los ejidos urbanos del territorio provincial, en comunidades de pueblos originarios, en establecimientos educativos y sanitarios, reservas naturales, centros turísticos, cursos de agua dulce que proveen para consumo humano y para la producción agrícola ganadera.


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