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¿Por qué hay tantas personas con discapacidad entre quienes mueren a manos de la policía de Estados Unidos?


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Pocas veces se habla de la cantidad de personas discapacitadas que mueren cada año a manos de la policía en Estados Unidos.

Cientos de personas mueren cada año en Estados Unidos a manos de la policía y generalmente se le presta mucha atención a un detalle: la alta proporción de personas negras en la fatal estadística.

Pero hay otra inquietante tendencia de la que rara vez se habla.

Poco después de las 5:00 a. m., tres policías de West Milwaukee, Wisconsin, irrumpieron en la casa de Adam Trammell, de 22 años. Una vecina les había llamado tras haberle visto desnudo en el pasillo, hablando del diablo.

Los agentes lo encontraros de pie en la ducha, desnudo y desconcertado. Adam, a quien se le había diagnosticado esquizofrenia, estaba sufriendo una especie de crisis.

Según su padre, el joven tenía frecuentes delirios y alucinaciones, y ducharse lo calmaba cuando se sentía ansioso.

Adam no estaba armado y no parecía comportarse de una manera que supusiera una amenaza. Pero no salió de la ducha como le ordenó la policía.

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La policía irrumpió en casa de Adam Tremmell por una llamada de una vecina al teléfono de emergencias.

Los policías dispararon 15 veces sus pistolas eléctricas (Tasers), administrándole largas y dolorosas descargas eléctricas mientras Adam gritaba y se retorcía. Tras sacarlo de la bañera, le inyectaron varios sedantes.

Poco después, Adam dejó de respirar y murió en el hospital. Era el 25 de mayo de 2017.

El suceso fue captado por cámaras usadas por los policías.

“Casi no podía soportar verlo”, le contó la madre de Adam, Kathleen, sobre la grabación al corresponsal de la BBC en Estados Unidos Aleem Maqbool.

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Adam Trammell había sido diagnosticado con esquizofrenia.

“Estaba en su casa, no estaba en la calle, no tenía un arma. ¿Dónde estaba el peligro inminente? No había ninguno. No se lo merecía en absoluto “, dijo Kathleen con lágrimas en los ojos.

Lo cierto es que la policía reconoce que Adam no había cometido un delito y tampoco se sospechaba que lo hubiera hecho. Entonces ¿por qué sucedió?

La policía dice que irrumpieron en el apartamento solo para ayudar a Adam. Aseguran que lo hicieron para detenerlo y ofrecerle atención médica.

Ningún agente fue procesado. El caso no logró la atención de los medios de comunicación ni hubo marchas de protesta.

De este modo, Adam se convirtió en parte de una realidad de la que rara vez se habla: la alta proporción de personas con discapacidad entre los cientos que mueren cada año a manos de la policía estadounidense.

Casos que se repiten

Algunos cálculos sugieren que una cuarta parte del total de fallecidos a manos de la policía tiene algún tipo de discapacidad, ya sea mental, intelectual o física. Pero otras investigaciones indican que la proporción puede ser mucho mayor.

En lo que va de 2018, la policía mató al menos a 136 personas con discapacidad, según un recuento del diario The Washington Post.

En muchos países, la policía sería el último recurso para tratar con personas que atraviesan una crisis de salud mental, pero en Estados Unidos son a menudo los primeros en responder debido a la falta de servicios más especializados.

Y aunque la historia de Adam pueda parecer extrema, hay rasgos que se repiten una y otra vez en diferentes casos ocurridos en el país.

Cuando el periodista Maqbool comenzó a analizar estas interacciones entre la policía y las personas discapacitadas en diferentes partes del país, comenzaron a surgir patrones claros.

La historia de Adam puede ser extrema, pero algunos aspectos se repiten una y otra vez.

Desafortunada visita al cine

Ethan Saylor, de 26 años, tenía síndrome de Down.

En 2013, fue al cine junto a su cuidadora en el condado de Frederick, Maryland, para ver la película “La noche más oscura”.

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El error de Ethan Saylor fue querer ver, por segunda vez, una película de cine.

Le fascinaban los personajes de la CIA, tanto, que quiso volver a ver la película y se negó a marcharse a casa.

Su cuidadora salió del cine para recoger su vehículo, pensando que al acercarlo al edificio podría convencer al joven.

En ese momento, tres policías fuera de servicio que trabajaban como vigilantes de seguridad oyeron que alguien estaba en el cine sin entrada para ver la siguiente película.

Cuando le dijeron que debía irse o sería detenido, Ethan respondió que era un agente de la CIA y no se iba a marchar a ningún lado.

Mientras llamaba a su madre a gritos, Ethan fue sacado a la fuerza del cine y esposado.

“De alguna manera, Ethan termina en el piso boca abajo y sin respirar”, contó su madre Patti. Los intentos por reanimarlo no funcionaron.

“El médico forense declaró que se trataba de un homicidio y que había muerto por asfixia”, aseguró.

“Ese fue el momento más dramático y traumático de todo: el darse cuenta de que lo habían matado”.

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Si hubiera obedecido las órdenes, Ethan probablemente seguiría vivo. Pero ahí radica el problema.

Según Patti, la policía e incluso algunas personas de su entorno dijeron que Ethan seguiría vivo si hubiera seguido las órdenes.

Pero ahí está precisamente el problema: su capacidad para seguir instrucciones. Ethan, al igual que Adam, no tenía esta habilidad.

Otras discapacidades que resultaron fatales

Este problema es aún más evidente en el caso de Magdiel Sánchez, un hombre de 35 años al que la policía se acercó en el porche de su casa en la ciudad de Oklahoma en 2017.

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Magdiel Sanchez estaba en el porche de su casa cuando se vio las caras con la policía.

Los agentes creyeron que llevaba un arma (después se descubrió que era un trozo de tubería) y le gritaron que la dejara en el suelo. El enfrentamiento terminó con Magdiel muerto a tiros en su jardín frente a algunos vecinos.

Magdiel nunca escuchó las órdenes de la policía porque era sordo. En el momento, vecinos gritaron a los policías para hacérselo saber, pero dispararon igualmente.

“Era un hombre con necesidades especiales, era sordo y era muy tímido. Era un chico mayor, pero era como un niño”, contó Regina Smith, una de sus vecinas que vio el final del incidente desde su ventana.

“Me di cuenta de que era él y pensé: ‘¿Qué podía haber hecho?'”.

“Nadie discute que los vecinos gritaron que era sordo”, señaló William Citty, jefe de policía de la ciudad de Oklahoma.

Pero defendió la actuación de sus agentes. “Él entendía que eran policías. Por eso llevamos uniformes”.

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Una zona que ha visto un aluvión de personas discapacitadas que mueren en interacciones con la policía es South Side, en Chicago, uno de los barrios con más vigilancia policial en EE.UU.

Como en los casos de Adam y Ethan, ningún policía fue procesado en este caso.

El sargento Corey Nooner pasó por un suceso similar hace 15 años, cuando disparó y mató a una mujer que tenía esquizofrenia.

“Ella tenía un cuchillo y no respondía a mis instrucciones”, dijo, asegurando que hoy actuaría de la misma manera. “Tengo que asegurarme que regreso a mi casa con mi familia por la noche”.

“Cuando finalizó el incidente, me dijeron que ella tenía un historial de enfermedades mentales. Entonces no lo sabía, y no entendía qué pasaba”, recordó emocionado y molesto por quienes aseguran que la policía estadounidense dispara a matar con demasiada frecuencia.

“¿A quién le gustaría pasar por algo así?”.

¿Por qué ocurre esto?

Todos los agentes de policía de EE.UU. están armados. Y existe la posibilidad muy real de que se encuentren con criminales que también lo están.

A lo largo del país, 40 agentes han muerto por disparos en lo que va de año.

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La policía en Estados Unidos recibe amplia formación en el uso de armas de fuego y la protección personal.

Así que gran parte de la formación de policías se centra en el uso de armas de fuego y la protección personal. Pero los críticos alegan que esto crea una cultura policial excesivamente beligerante, en particular en ciertos tipos de vecindarios.

En zonas de ingresos más bajos, se extiende la queja de que los agentes a menudo utilizan un estilo de “ordeno y mando”, gritando y aplicando la fuerza, en particular cuando alguien no obedece de inmediato.

El problema es, como vemos por los casos de Adam, Ethan y Magdiel, que puede haber razones por las que a algunas personas les resulta más difícil seguir órdenes que se les gritan.

Candace Coleman, que tiene parálisis cerebral, es coordinadora en AccessLiving, un grupo de ayuda a personas con discapacidades.

Creció en la zona de South Side en Chicago y trabaja con gente del barrio que tiene discapacidad, especialmente aquellos diagnosticados con esquizofrenia y autismo.

“El encuentro con policías puede ser una situación que da miedo”, apuntó Coleman en conversación con Aleem Maqbool, de la BBC.

“‘¿Quién es esta persona con un arma?’, se pueden preguntar”, añadió. “‘¿Por qué brillan las luces? ¿Qué son esos sonidos tan altos?'”.

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Candace Coleman trabaja con personas discapacitadas en un barrio desfavorecido de Chicago.

Que se les ordene estar de pie de cierta manera, por ejemplo con las manos en un sitio visible, o mirar a un agente a los ojos puede ser un problema. Lo mismo con que un agente los toque o agarre.

“Si no estoy acostumbrada a eso, entonces voy a reaccionar de una forma que puede parecer desafiante”, explicó Coleman.

Todo esto le resulta familiar a Larry Trammell, el padre de Adam.

“Hubo ocasiones en las que no podías tocar a Adam”, contó.

“Se podía poner muy tímido o demasiado emocionado, por lo que siempre sabía que, al relacionarme con Adam, tenía que quedarme atrás y dejarle hablar.

“Si llegaba y usaba mi autoridad como padre y decía ‘Tienes que hacer esto’, no funcionaba”.

Después de varias semanas intentándolo, el periodista Maqbool logró hablar con el fiscal de distrito de Milwaukee John Chisholm que dictaminó que Adam no murió como resultado de las acciones de los agentes que usaron Tasers en él varias veces.

“No hacían eso porque quisieran hacerle daño a Adam. Fue totalmente lo contrario, ¿sabe?”, dijo Chisholm.

“Su intención expresada varias veces era que querían ayudarle, sacarle de esa situación”.

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Larry Trammell, padre de Adam, hubiera preferido que se celebrase un juicio contra los policías que descargaron sus pistolas eléctricas en su hijo.

Maqbool le planteó a Chisholm que efectivamente decían que querían ayudar a Adam, pero que lo hicieron al tiempo que le daban descargas eléctricas, que tenían los Tasers listos incluso antes de entrar en la casa, pese a que estaba en un edificio en el que vivían otras personas con enfermedades mentales. Y señaló que los agentes empezaron a aplicarle la pistola eléctrica momentos después de encontrarse con él.

“Exacto, porque tenían que controlarlo para poder hacerle llegar atención médica”, repitió el fiscal.

Los abogados de la familia de Adam subrayaron que hubo otras brechas de las directrices policiales que por ejemplo establecen que alguien no puede ser expuesto a más de 15 segundos de descargas eléctricas con un Taser.

Directrices de la policía

Las normas dicen que la policía que se encuentra con alguien que sufre una crisis mental debe “evitar aumentar la agitación de la persona o su nerviosismo, evitar entrar en contacto físico, evitar sujetar a la persona e intentar calmarla”.

Aun así el fiscal halló que el comportamiento de los agentes no fue ni negligente ni abusivo.

“No según su entrenamiento”, explicó. “La decisión que tienen que tomar es: ¿cuál es la manera más adecuada para controlarlo y así hacerle llegar atención médica en ese momento?”.

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Las fuerzas de seguridad de Estados Unidos se centran demasiado en el uso de armas, denuncian los críticos.

Chisholm insistió en que Adam podía haber muerto de todos modos por su crisis de salud y que la elección de los agentes era o no hacer nada o hacer lo que hicieron.

Los agentes de policía rara vez son procesados en casos que impliquen muertes de personas discapacitadas. Se asume que actuaron de buena fe y a menudo se les da protección legal partiendo de esa base.

El caso de Adam ilustra cómo a la policía en Estados Unidos a menudo se le llama para hacer un trabajo que profesionales médicos ejecutarían mejor.

“Esta sociedad no ha lidiado de forma efectiva con la salud mental. No han aportado los dólares para el tratamiento”, opinó Citty, el jefe de policía de Oklahoma City cuyos agentes mataron a tiros a Magdiel Sánchez.

“Los agentes van de una llamada a otra y a otra enfrentándose a esto”.

Entonces, si los policías son los primeros en ser llamados a las emergencias, ¿cómo se pueden mejorar las cosas?

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Patti Saylor, madre de Ethan, asegura que la oficina del alguacil de Frederick no le ha pedido perdón por la muerte de su hijo.

“Tengo que decirte, si no conoces a alguien con síndrome de Down, te estás perdiendo algo”, le dijo a la BBC Patti Saylor, la madre de Ethan, mientras entrenaba a un grupo de agentes de policía sobre cómo interactuar mejor con personas discapacitadas.

Con este trabajo, Patti intenta darle la vuelta a la devastación causada por la muerte de su hijo y convertirla en algo positivo.

“Ethan no tenía la capacidad cognitiva de reconocer que esos agentes necesitaban una explicación”, dice en la sala. “Como ‘Agente, está bien, me voy a sentar en el asiento y voy a ver esta película por segunda vez, mi mamá está de camino, pagará la multa cuando llegue’. No entendía que eso es lo que tenía que hacer”.

Los agentes a menudo se disculpan cuando oyen su historia y muestran cierto grado de vergüenza sobre lo que ocurrió.

Pero la oficina del alguacil del condado de Frederick, cuyos agentes estuvieron implicados en la muerte de Ethan, no se ha relacionado con Patti. Sí alcanzaron un acuerdo financiero con ella, pero nunca le pidieron perdón ni admitieron ningún fallo.

Para muchos, el núcleo del problema es la forma como se entrena a la policía desde el comienzo, con tanto énfasis en las armas de fuego y la seguridad personal, y relativamente poca formación en la desescalada de conflictos.

“La forma en que abordan las situaciones tiene que cambiar. No debería ser siempre que la reacción inmediata sea sacar tu arma o tu Taser o gritar”, subrayó Candace Coleman, de Chicago.

Hasta que eso pase, algunas de las personas más vulnerables de la sociedad estadounidense tendrán que resolver las cosas por sí mismas.

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