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La inversión: como esperando a Godot




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Hace ya varios años, en febrero del 2006 para ser más precisos, escribí una columna para la revista digital Albedrío, titulada ¿Y quién es Godot al final de cuentas?, en donde comenté los juicios mediáticos de columnistas e ideólogos que me hicieron recordar la obra del teatro de lo absurdo Esperando a Godot, de Samuel Becket: como Didí y Gogó, los dos vagabundos, los guatemaltecos esperamos a Godot, sin saber quién es y qué queremos de él, y en las interrogantes sobre los fracasos del sistema económico y del por qué no viene a nos la sacrosanta Inversión Extranjera Directa, algunos en su paroxismo encuentran en la CICIG al mal de todos los males.

 

En aquella oportunidad comentaba que nuestra espera colectiva es absurda e incierta con el raro árbol frente a las banales conversaciones entre Didí y Gogó, platicando de cualquier cosa, tratando de dormir en paz, y hasta acercándonos al suicidio colectivo, o bien comiendo zanahorias: ¡Godot no vendrá este día, pero talvez vendrá mañana! Pero ¿quién al final de cuentas es Godot?, talvez un Dios salvador y con sus acciones nos dará sentido a la existencia.

 

Para algunos, la solución a los males está en la entrada de Inversión Extranjera Directa, pero en una situación tan nublada es verdaderamente un teatro de lo absurdo. A estas alturas del partido, el sentimiento colectivo, principalmente de las elites, debiera estar claro que tan solo con el logro del ansiado Estado de Derecho y un nuevo modelo de hacer negocios podremos lograr el ahorro del que tanto se habla en los estudios sobre los mercados y las inversiones.

 

El pretender emular, casi por ósmosis, los ejemplos de Chile, Singapur o Costa Rica en el logro de una captación de inversiones extranjeras directas que impulsan el desarrollo es un sentimiento banal y ahistórico, que no tiene a cuenta los diversos esfuerzos de consenso y las duras historias y ejemplos de tales pueblos; y ello me viene a la mente ahora que leo un interesante esfuerzo del grupo que conforma MarketTrends y que ha publicado el domingo en Prensa Libre un extracto de su estudio titulado: “Inversión en Guatemala: ¿problema estructural o coyuntural?”

 

El mismo estudio sale publicado al día siguiente que, en el mismo medio informativo, se divulga un preocupante reportaje sobre el ascenso de la diáspora guatemalteca hacia los Estados Unidos, como producto del hambre y la sequía. Se llega al punto que, de acuerdo a medios como The Washington Post, la seguridad alimentaria no la violencia es uno de los factores causales de la nueva diáspora.

 

Resulta así evidente que la atracción de inversiones para nuestra región, y especialmente para Guatemala es un problema de naturaleza estructural, y el hecho de que las elites no comprendan en dónde está el meollo de la cuestión es un síndrome histórico: en tiempos de Mariano Gálvez las elites rancias y conservadoras le endilgaban al estadista todos los males de la patria, incluso la epidemia de peste; y el odio colectivo fue tal que algunos de sus aliados naturales liberales, como el caso de Barrundia, tomaron ventaja interesada de la situación, con negativas consecuencias para el futuro del país. La derrota de Gálvez significó el imperio de la larga noche conservadora, tema este que debiera ser objeto de reflexión por aquellos que dicen ser “Liberales” y que hoy afortunadamente hasta piensan refrescarse en Public Choice y Neoinstitucionalismo, que muy bien les hará para un pensamiento renovado.

 





























elperiodico

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