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‘Más que Carrasquilla, el problema es meter lo privado en lo público’


Después del debate de control político convocado por los senadores Robledo y Alexander López, hay claridad sobre que el ministro Carrasquilla no cometió un delito pero no sobre que su proceder haya sido ético. Usted escribió un libro sobre la ética de lo público ¿Cómo se aplica a este caso?

Roberto Solarte: Lo de Carrasquilla me parece que es una pantalla política porque a los que convocaron el debate no les parecen buenas las medidas que ha propuesto como la de ampliar el IVA o quitarle impuestos a las empresas.

Pero más que Carrasquilla, el problema es la intromisión de los intereses empresariales en la esfera pública, en el Estado. La corrupción está en que no logramos equilibrar lo público y lo privado. La lógica del negocio, cuando entra a lo público, lo corrompe.

Nos debería llamar la atención es que municipios que tienen dinero, no tengan servicios públicos y necesiten de los privados para ejecutar una obra básica como construir su acueducto, algo que todos los ciudadanos necesitan. Además que terminarán pagando unos intereses absurdos.

LSA: ¿Qué tan conveniente es que los funcionarios públicos en Colombia puedan transitar del sector público al privado??

R.S.: A mí me parece inconveniente. La gente exalta que un ministro venga del sector privado porque es un gran técnico.

¡Lo que es es un gran empresario! No tienen distancia para hacer políticas en beneficio de todos sino de su sector empresarial, de su empresa. Se considera que el bien de la empresa es el bien de la sociedad y eso no es así siempre.

Casi todos los medios dijeron que los ministros designados por Duque eran idóneos porque venían de las empresas, pero no recuerdo que hablaran de sus condiciones éticas. No tenemos gente técnica preparada para dirigir el Estado. La gente formada para eso es de rango menor. Los altos cargos públicos son o políticos o empresariales. El capitalismo logró que el Estado estuviera al servicio de los ejecutivos.

LSA: Hay varios ministros de Duque o de Santos o de Uribe que no eran ni políticos ni empresarios sino tecnócratas: Alejandro Gaviria, Ricardo Lozano, María Victoria Angulo, Sergio Jaramillo. No tendría varias excepciones la afirmación de que “No tenemos gente técnica preparada para dirigir el Estado”??

R.S.: Los casos que nombra muestran que son funcionarios con una perspectiva de élite, no de buscar el bien común o lo universal, en términos de Hegel. Tenemos un Estado en función de una clase, de interés empresariales bien definidos, en eso tendría razón Marx. Como vemos con el caso de los acueductos o del transporte, se trata de buenos negocios, no de buenas obras públicas.

LSA: ¿Cuál es el impacto de que lo privado haya invadido la esfera de lo público??

R.S.: Lo privado domina lo público, entonces el Estado no tiene espacio para preguntarse qué es lo público, cuáles son los bienes que se necesitan, cómo se pueden conseguir. Se considera que si hablamos de lo público hablamos de Venezuela y entonces se acaba la conversación porque sabemos que es un fracaso como modelo, entonces no se puede hablar de bienes públicos ni de socialismo.

Las empresas financian los congresistas para que legislen en su favor. El lobby en otros países está prohibido o regulado.

Los políticos hacen debates laterales a un tema de fondo. La actual discusión sobre corrupción me parece que oculta otros grandes problemas, como el de la tierra o el del modelo económico.

Lo privado domina lo público.

Roberto Solarte

LSA: ¿Cuál es la diferencia entre lo ético y lo legal?

R.S.: La ética va más allá de la ley. Tiene que ver con la forma en que nos relacionamos con los demás. Con el respeto hacia el otro.

En Colombia tenemos serios problemas en esa materia. No respetar la fila, el “usted no sabe quién soy yo”, que denota un sentimiento de superioridad respecto a los demás. La ley dice que somos iguales pero nos sentimos muy desiguales. El oportunismo -no dar papaya-, además de lo anterior, es contrario a la ética. El rico que siente que puede maltratar al pobre y del pobre que cuando ve la oportunidad abusa y roba al rico.

Con ese tipo de ciudadanos tenemos ese tipo de Estado.

LSA: ¿Los casos de los llamados “ladrones de cuello blanco”, como el escándalo de Interbolsa, deberían considerarse más graves que los de una persona pobre o sin educación que roba, por ejemplo, o desde el punto de vista ético son lo mismo? ?

R.S.: Técnicamente, si me robo la plata es igual si soy pobre o rico. El problema es que el tratamiento no es el mismo. Los de cuello blanco tienen un sistema que los defiende de entrada, una impunidad permanente.

La ética en una sociedad tan desigual no tiene mucha presentación en todo caso.

Este país es desigual porque pagamos desigual. Los salarios de los presidentes o líderes empresariales son altísimos versus los salarios mínimos que son bajos y se quieren bajar más.

En Japón la diferencia es de uno a cuatro. La señora del aseo tiene casa y carro. En Europa igual. En Colombia nos parece que hay que tener una diferencia, un estatus implícito, que hay que respetar a los de arriba.

Si eso es la ética, funciona muy mal, porque como sociedad estamos mal armados.

LSA: ¿La ética no debería ser a prueba de todo?

R.S.: Hay un problema en la estructura social, política y económica que hace que lo ético esté muy en crisis y que haya mucho resentimiento de un lado y mucha prepotencia del otro, lo que no permite que nos encontremos como seres humanos.

El presidente de empresa japonés se encuentra con la señora del aseo y ambos se reconocen como iguales. Tienen un principio de respeto que aprendieron desde la familia. Igual que los nórdicos. Nosotros aprendemos que la base de la vida es abusar de los demás.

LSA: Usted cita a un autor diciendo que para las personas es más fácil identificar lo que falta en las relaciones humanas que el modo recto de organizarlas. El presidente Duque ha propuesto crear una cátedra de educación cívica ¿La ética es algo que se enseña y se aprende? ?

R.S.: Una cátedra sirve si ayuda a que la gente se cuestione qué es lo que hace y por qué lo hace, se autocritique y tome distancia de lo que está pasando, si genera una ciudadanía activa. A la gente le falta más filosofía, como decía el libro de los 80’s, más Platón y menos Prozac.

Si es un discurso sobre principios como el respeto, la honorabilidad, etc. no tiene ningún sentido.

LSA: Fajardo en entrevista de María Jimena Duzán dijo que más potente que una cátedra es el mensaje que se envía a los ciudadanos nombrando a Ordóñez en la OEA pese a que su designación fue anulada por repartir puestos de la Procuraduría para reelegirse ¿está de acuerdo con eso?

R.S.: Estoy de acuerdo. La ética se aprende a través del ejemplo. En el ámbito empresarial las empresas son como son los jefes. En los estudios que hemos hecho vemos que cuando una empresa funciona bien, generalmente, las prácticas que ha implementado el director están relacionadas con valores aprendidos a partir del ejemplo que recibió en su familia.

LSA: El tema ético no sólo toca a los funcionarios públicos sino a los grandes grupos económicos. Usted escribió un capítulo que se llama ética de las instituciones ¿en qué consiste eso?

R.S.: La ética de las instituciones son los criterios generales de buen comportamientos de las empresas y de las entidades del estado.

En el área empresarial, hay unos estándares internacionales de la ONU acogidos en el Plan Global y en la ISO 26.000.

La carta de Naciones Unidas sobre derechos humanos, las cartas de la OIT sobre trabajo, las pautas sobre medio ambiente, existen hace muchos años. Esas reglas universales de conducta son ampliamente conocidas.

Cuando son empresas medianas y pequeñas tienen mejores oportunidades de ser éticas, porque no tienen tanto afán de lucro. Procuran una cadena virtuosa entre socios, proveedores y compradores. Tienen claros los efectos negativos sobre la sociedad, si tienen un mal producto, una mala relación con los trabajadores, si dañan el medio ambiente.

En Colombia Crepes and Waffles, Wok, Sierra Nevada -contrata gente con discapacidad- son buenos ejemplos, lo que pasa es que su peso en el mercado no es tan grande.

A nivel internacional, Sony, que es una empresa japonesa, está muy preocupada porque su cadena de producción funcione bien. Fue una de las impulsoras de la ISO 26.000 que convocó a las grandes ong’s que supervisan el mundo empresarial, a Naciones Unidas, representantes de los trabajadores, de los consumidores y a 99 países desarrollados y subdesarrollados, para construir un estándar de responsabilidad social.

De forma vergonzosa, las empresas grandes en Colombia se opusieron a esa norma. La Andi también le hizo cabildeo en las universidades para que los profesores que estábamos participando en ese proceso desistiéramos. Creen que la responsabilidad empresarial es lo que ellos quieran hacer. Eso es la adolescencia, cuando uno hace lo que quiere. En un mundo donde hay convivencia entre estados, empresas, comunidades, personas, hay que autorregularse.

Las posiciones éticas pueden implicar costos monetarios, pero también pueden ganar respetando el medio ambiente y la gente.

 


lasillavacia

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