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La Justicia en el huracán


Ante la multitud de escritos, noticias, informaciones en que esta semana el tema de la Justicia ha sido mencionado, me ha parecido que es un deber hacer un llamado a todos a reflexionar sobre lo que es el valor JUSTICIA y por qué interesa o debe interesar a la comunidad entera, por qué debemos ser cuidadosos cuando tratamos este tópico.

Desde el punto de vista filosófico, tal vez fue Platón el primero en mencionar la JUSTICIA pues para él “todas las virtudes (únicamente tres: la prudencia, la templanza y la valentía) se basan en la justicia y la justicia se basa en la idea del bien, el cual es la armonía del mundo”, de manera que es el “BIEN” con mayúsculas y entre comillas el sustento fáctico de la Justicia, lo cual quiere decir que no hay lugar a trampas, tergiversaciones, desequilibrios, desigualdades o irrespeto.

Si construyéramos sobre ese simple concepto nuestra reflexión, aunque obviamente ha sido desarrollado de distintas maneras y por claros pensadores, deberíamos decir que la Justicia es un Bien, es un VALOR que mantiene o restablece la armonía social y es por ello que quienes hoy están investidos de la facultad de impartir Justicia, no solo deben ser hombres probos sino demostrarlo, pero además, todos debemos creer en ellos, pues la labor de mantener el orden en las diversas relaciones, es de una delicadeza tal que si el equilibrio se rompe no solo resultan afectadas las personas involucradas sino el mismo conglomerado social, pues es que la Justicia nos pertenece a todos por igual y su efecto es de interés público.

Así que al pronunciar palabras en contra de los operadores de justicia, se produce en la práctica una afectación real a toda la ciudadanía, al igual que si el juez desequilibra la balanza y basa sus decisiones no en las pruebas sino en sus intereses, son tan repudiables los unos como los otros, pues lo que se rompe no solo es la institución Justicia sino su estructura, aquella que no se ve, que no es totalmente tangible a nuestros sentidos, pero que existe y nos cohesiona, aquella en la que creemos, aquella que nos da sustento y es columna vertebral en el desarrollo armónico de nuestra democracia.

Parecerían ser palabras sin sentido en este mundo tan agitado y en el que no podemos suponer sino que todas las personas obran llevadas por sus propios y bajos instintos. Sin embargo, si nos detenemos y observamos la esencia de dicho BIEN o valor fundamental, encontraremos que no se trata de algo abstracto y ajeno a nosotros sino que nos pertenece, que el desequilibrio afecta la dignidad humana, que se nos rompe algo dentro cuando percibimos que no se camina por el andén correcto, cuando oímos de la existencia de actos de corrupción, igual que cuando oímos ataques exacerbados. Claro que la injusticia nos ofende a todos.

Debo decir igualmente que no se están cerrando los ojos ante las posibles situaciones, inadmisibles, en que funcionarios o particulares pervierten la administración de justicia. Empero, ello no puede pensarse que es generalizado, porque no lo es y además, porque es muy peligroso que en el imaginario colectivo se incrusten esas ideas de generalización que llevan, por una parte, a la desazón o a asumir justicia por mano propia, a usurpar la función  de las instituciones y, por otro, podrían promover una situación de identificación en la que si ya se generaliza no importa actuar incorrectamente, pues si todos lo hacen mal…..qué puede importar si yo también… muy grave.

Por supuesto, para preservar la credibilidad, las decisiones judiciales por sí mismas deben defenderse en atención a su apego recto a la Constitución Política, a la Ley sustancial y procedimental, a la Jurisprudencia, aunado ello a los controles, incluido el control ciudadano responsable, aquel que se hace sin oportunismo o interés, controles en que primen la transparencia, los procedimientos claros, el respeto a las normas.

Entonces, el llamado es por la responsabilidad que nos atañe a todos, sin importar condición, cargo, credo político, sexo, religión, actividad desarrollada, debemos mostrar madurez y pensar en el mal que podemos estar sembrando, pensar en nuestra sociedad, en nuestros hijos, en nosotros mismos.  Procuremos todos que la Justicia, el Valor Justicia, el que nos importa y nos pertenece, pueda brillar, pueda dar equilibrio y armonía, pueda ser garantía de imparcialidad, no la enlodemos pues nos hará más mal que bien.

Por último, cabría preguntarnos, cuánto tiempo tardaría la ciudadanía en volver a creer en las decisiones judiciales, por el efecto devastador que el desprestigio, a veces infundado, causa en el Estado Social de Derecho.


las2orillas

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