Rodexo
El Salvador países

Absueltos los policías de la matanza de Zaragoza gracias a inconsistencias en la investigación policial


El juicio por la matanza de Zaragoza terminó de la misma forma que el juicio de San Blas: con los policías acusados fundidos en un abrazo. Todos fueron absueltos esta mañana del 20 de julio. El tribunal aseguró que no se pudo demostrar que lo que ocurrió el 8 de febrero de 2016 en una casa de Villas de Zaragoza fue la ejecución extrajudicial de tres pandilleros y un obrero. En gran medida, dejaron claro los jueces, porque el procesamiento de la escena por parte de policías y los testimonios de los agentes que llegaron al juicio fueron insuficientes o desfavorables a la causa fiscal. 

En este veredicto, a diferencia del ofrecido en San Blas, los juzgadores no dieron ni un punto a favor de la Fiscalía en su valoración del proceso. En San Blas, si bien todos fueron absueltos, el juez determinó que en aquella finca existió la ejecución extrajudicial de Dennis Martínez, un empleado del lugar, pero argumentó que la Fiscalía no pudo individualizar a quien lo hizo. En el caso Zaragoza, los jueces desestimaron esa posibilidad, a pesar de que uno de los cadáveres no había disparado, según las pruebas de frotado de manos, y de que muchos casquillos fueron retirados de la escena antes de que aparecieran los equipos de inspecciones oculares. 

 

Policías y defensores se abrazan el mediodía del 20 de julio de 2018 luego de ser absueltos por el caso de la matanza de Zaragoza, ocurrido el 8 de febrero de 2016. Foto: Fred Ramos. 

Los jueces José María Zepeda, Laura Chacón y José Antonio Flores, que entregarán la sentencia escrita en los primeros días de agosto, desmenuzaron lo que a su parecer fueron las principales carencias de la acusación del Ministerio Público. La Fiscalía, a través de Salvador Martínez, su jefe de prensa, dijo esta misma tarde que “es una muestra de la falta de cooperación policial en estos casos”. Dijo también que “sin ninguna duda, la Fiscalía apelará, como hizo en el caso San Blas”. En este último, la Cámara revocó la absolución del juez, y San Blas volverá a juicio. 

Las conclusiones fueron leídas por la jueza Chacón, que presidió el proceso. Empezó diciendo que el tribunal “ha determinado la existencia de irregularidades en el procesamiento de la escena” y “el movimiento de cuerpos”, pero de ahí en adelante todo consistió en destrozar la acusación fiscal. 

En la escena, un charco de sangre, que según el ADN pertenecía a uno de los cadáveres pandilleros, apareció a metros de ese cuerpo. La Fiscalía presentó esto como prueba de que fueron movidos. La jueza explicó que algunos policías aseguraron que los cuerpos habían sido movidos para tomar huellas y ver si quedaba algo bajo los cuerpos. Ese procedimiento, en caso de haber ocurrido, va en contra del debido procesamiento de una escena, donde son los forenses los primeros en identificar los cadáveres y fijar su posición. “Empiezan a generarse dudas  sobre quién movió los cadáveres”, dijo la jueza. Prosiguió describiendo que ni siquiera las horas coincidían entre el acta de inspección ocular de la Policía y el libro de novedades de la misma institución donde se registraba en qué momento de verificó la matanza. “El tribunal infiere que se manejó mal la primera escena”. 

Bajo esa lógica, en buena medida, los policías que mataron a esas cuatro personas en Zaragoza quedaron libres por los errores de sus colegas. Aunque, tras las más de 35 horas de juicio en las que ninguno de los policías citados quiso decir nada relevante para la Fiscalía ni recordar ningún hecho de aquel día, cuesta creer que la palabra correcta sea “errores”. Uno de los policías de Asunto Internos, que fue el investigador principal durante más de un año de esta matanza, dijo ante el tribunal que ni siquiera recordaba de qué se trataba el caso. 

“La deposición de los testigos no aportó pruebas suficientes para determinar cómo ocurrieron los hechos… 15 meses después, hicieron otro reconocimiento (de la escena). Nada útil””, dijo la jueza durante el veredicto. 

A partir de las obviedades, el tribunal enumeró otros argumentos en los que utilizó un “razonamiento lógico” cuestionable, y que siempre jugó en favor de los acusados. La jueza Chacón explicó que si el testimonio de Abraham, testigo que aseguró haber visto a los pandilleros y al obrero rendidos y golpeados en el suelo, era cierto, tuvo que haber goteo de sangre, y en ningún acta se habló de ello. Abraham aseguró que los policías golpeaban “fuerte” a los detenidos dentro de la casa. Para los jueces, la ausencia de gotitas de sangre pone en duda ese testimonio, a pesar de que reconocieron en el fallo que hubo una mancha de sangre lejos de los cadáveres y que todo indicaba que había intentado ser lavada antes del procesamiento de la escena. Los jueces consideraron que pudo tratarse de la víctima que, minutos antes de morir, “pudo haberse movido con vida”.  

Uno de los cadáveres, el del obrero Armando Valladares, que no tiene ningún registro criminal, apareció sobre una escopeta que había sido disparada, pero en la prueba de frotado de manos no apareció en el cadáver ni plomo ni bario, rastros indispensables en quien disparó recientemente. Los juzgadores creen que esa prueba no es contundente. Sin embargo, sí consideraron que esa misma prueba demostraba que los otros cadáveres eran de personas que habían disparado. En la mañana, antes de la matanza, los tres pandilleros participaron en un enfrentamiento con la Policía, y así quedó demostrado en juicio. Dispararon esa mañana según todos los testigos, en otro lugar. En los hechos de Villas de Zaragoza, ocurridos un par de horas después del enfrentamiento, ningún testigo, ni siquiera los policiales, hablaron de disparos, sino una vez que los agentes entraron a la casa. Los testigos que estaban en la casa aseguraron que nunca hubo disparos dentro de la casa mientras ellos estaban, sino una vez fueron sacados, dejando atrás a los pandilleros y el obrero rendidos. 

Según los jueces, los dos testigos se contradicen. En el relato fiscal aseguran que Abraham salió con Aarón, un niño de tres años, en brazos tras amenazas policiales. Aarón es hijo de Armando, el obrero. Eben Ezer, el otro testigo, dijo que Dayana, la mujer de Armando que huyó del país tras la matanza, le contó que eso ocurrió así: Abraham huyó con el niño mientras ella, Dayana, se mantuvo unos segundos más, suplicando que no mataran a Armando. La jueza Chacón dijo hoy para argumentar la supuesta contradicción de los testigos que “ningún agente que declaró en el juicio dijo haber observado a personas que entraban y salían de la casa”. Los agentes que declararon en el juicio dijeron no recordar nada de nada. Los pocos que hablaron lo hicieron para defender a los suyos. Uno dijo, por ejemplo, que estaba a 400 metros de la escena, y que apenas podía ver, pero que daba fe de que sus colegas fueron atacados dentro de la casa y actuaron en legítima defensa. Desde donde ese agente estaba era imposible ver el interior de la casa. En un caso, la Fiscalía pidió que declararan testigo hostil a un policía de Asuntos Internos que tuvo total amnesia, pero los jueces desestimaron  la petición. 

Los jueces también dijeron que si bien algunos de los acusados habían retirado armas largas cuatro días antes de la matanza, era imposible saber si ese día portaban esas armas. Los policías llenaron un acta oficial de que retiraron esas armas, pero para el tribunal no fue suficiente eso como prueba de que las llevaban el ocho de febrero, aunque también en acta aparece que las devolvieron el nueve. “No hay evidencia de que la anduvieran ese día”, dijo la jueza. 

Tres de los casquillos recogidos ese día en la casa pertenecían a las armas de un solo agente. Dos casquillos de fusil y uno de pistola. Sin embargo, para los jueces es extraño que los casquillos aparecieran cerca de los cadáveres, en un altillo que está a unos diez metros de la puerta principal, al fondo de la vivienda. Ese policía vestía de azul y por tanto, según relato de los testigos, entró por la puerta principal y no por el techo del altillo desde donde descendieron los tes pandilleros y los gerrepés que los perseguían. ¿Cómo aparecieron esos casquillos en el altillo? Los testigos narraron que los policías controlaron la escena y sometieron a las cuatro personas. Contaron que una vez adentro, los echaron con amenazas. Contaron que luego escucharon disparos. No es descabellado concluir que el agente que entró por la puerta pudo acercarse al altillo y disparar, haciendo que los casquillos volaran de sus armas en esa área de la casa. “Razonamiento lógico”, como dicen los jueces. 

El tribunal también argumentó que la forense que llegó al juicio a describir heridas en los cuerpos provocadas por disparos a muy corta distancia, que dejaron tatuaje de pólvora y quemaduras en algunos, hizo muchas “apreciaciones muy subjetivas”. Sin embargo, les pareció creíble el testimonio de un perito policial que, al analizar agujeros en las paredes, concluyó que eran disparos a distancia de entre tres y cinco metros. Agujeros en los cuerpos versus agujeros en las paredes. También dijeron que Abraham manifestó en un momento que uno de los policías no llevaba la cara tapada, pero que en el juicio dijo que todos, cuando los abogados la ametrallaban a preguntas. Todos saben en el juicio que Abraham es una niña de 13 años. La jueza prosiguió: la testigo no pudo individualizar a los supuestos asesinos porque, justamente, tenían la cara tapada. Consideró que hubo “falta de control sobre las armas policiales” que llevaban los acusados y que eso jugaba a favor de ellos pues, aunque algunos devolvieron los cargadores vacíos, no se sabe cuánta munición les habían dado y eso impedía sacar conclusiones. 

No se ahondó en el hecho de que los cuerpos tuvieran más de diez agujeros de bala, y muchos realizados de cerca según concluyó una forense con 24 años de experiencia, pero solo se encontraran cuatro casquillos en la escena. 

Al final de una hora de justificación del veredicto, concluyeron que había “dudas severas”, que “no se logró acreditar lo que ocurrió el 8 (de febrero). Absueltos los nueve policías de homicidio agravado y encubrimiento. 

Los policías se abrazaron y celebraron su libertad. Si todo sigue su curso normal, volverán a vestir el uniforme en poco tiempo. 

 



elfaro

Related posts

Gobierno de Panamá peca de ingenuo ante Maduro

admin

Misiones en Washington y una luz en el túnel para los yerbateros

admin

El supermercado del mundo

admin

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.