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Congreso del PP: Cospedal presume de las siete victorias del PP ante la izquierda en su balance | España



María Dolores de Cospedal, este viernes en el congreso del PP.



Tras una complicada década como secretaria general del PP, Dolores de Cospedal se despidió en la tarde de este viernes de esa responsabilidad y carga reivindicando su labor en favor de los valores y principios de ese partido y sobre todo las siete victorias electorales cosechadas en esos años frente a la izquierda. Fue lo que calificó como el “bagaje de nuestro ciclo”, en un plural con el que se asoció en todo con Rajoy. Y las detalló y dató todas: “Siete victorias consecutivas a nivel nacional por ninguna de la izquierda”. Esa presunción le sirvió para dar decenas de veces las gracias por haber ejercido ese cargo y por tanto por haber podido encabezar un proyecto de miles de militantes de un partido “que quiere a España” y, sobre todo, para cuestionar con dureza el mérito de la alternativa y el presidente socialista, Pedro Sánchez, que ahora dirige el país. Cospedal enfatizó en su marcha de la primera línea del PP, y sin aclarar su futuro político ni personal, que deja el puesto “sin albergar ninguna frustración”.

Era uno de los discursos esperados de este XIX Congreso extraordinario del PP que se ha convertido, por diferentes razones, en otro momento fundacional de ese partido. Cospedal se explayó durante 35 minutos. Empezó por recordar que ha ejercido ese cargo durante 10 años y un mes desde que Rajoy la nominó bastante por sorprensa secretaria general en el conflictivo Congreso de Valencia, en 2008. La hasta ahora número dos del PP rescató su intervención de entonces para volver a suscribir que ese partido sigue siendo “el mejor de España, con los mejores simpatizantes y afiliados” y al que redefinió de nuevo como una formación “fuerte, unida y abierta a la sociedad”.

Cospedal echó la vista atrás para destacar que en su era había dado “todo lo que tenía dentro” por su partido político, sin el que dijo le sería difícil entender su propia vida. Esa conexión entre su labor y la esencia del PP, que llevó varias veces a instantes emotivos al apelar a los “momentos delicados” transcurridos, le sirvió a Cospedal para intentar justificar uno de los grandes reproches que se le achacan a esa formación durante estos años: la corrupción.

La secretaria general popular admitió que el PP ha sufrido por culpa del desgaste ocasionado por la gestión de estos años del Gobierno en plena crisis pero sobre todo “por los daños de la corrupción”. Cospedal aseveró que esa corrupción a quiénes más indignó fue “a quiénes más queremos a este partido” y aseguró que en esta etapa, desde 2008, es cuando más se ha actuado de manera “inflexible con los que han vejado nuestro nombre”.

Cospedal recalcó que “el PP merece ser defendido” y lamentó que el nuevo presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, que argumentó la moción de censura contra Rajoy por la sentencia recurrible del caso Gürtel, no planteara ninguna medida contra esa lacra en su discurso de investidura ni aludiera “a los casos que azotan a su partido”. La aún secretaria general del PP exigió a su partido “que ni agache la cabeza ni deje de exigir responsabilidades” a Pedro Sánchez.

Además de reivindicar las victorias electorales del PP en estos 10 años, lo que Cospedal intentó en su despedida sobre todo fue conectar con las bases y los militantes de ese partido, a los que ensalzó sin parar y a los que dio múltiples veces las gracias. Una de las rémoras que se ha atribuido a Cospedal en estos años ha sido precisamente su falta de empatía con los militantes y con el aparato del partido, pese a ser en teoría su máxima representante.

En su marcha quiso poner énfasis especial precisamente en lo contrario, en su amor a ese “tesoro del PP, a los militantes que dan la cara por el honor de unas siglas que a todos nos llenan de orgullo”. Y en ese contexto mencionó a los trabajadores de la sede central del partido, de las sedes regionales y locales, a los presidentes y cargos repartidos por todo el territorio, a los que consideró como “la espina dorsal”, “la columna vertebral” y el “emblema” de una formación a la que ensalzó como la más importante de España y una de las mayores de Europa.

En la fase final de su intervención, Cospedal aprovechó para sentenciar que se marcha de esa responsabilidad y entrega el testigo “con la conciencia tranquila, sin cuentas pendientes y la lealtad intacta” a esa formación política y a su presidente, Mariano Rajoy. Fue ahí cuando resaltó que se va “sin albergar ninguna frustración” y con “el sentido del deber cumplido”. En su testamento político, Cospedal no tuvo problemas en citar a nombres emblemáticos del PP como el fundador Manuel Fraga, la excomisaria Loyola de Palacio, el expresidente gallego Gerardo Fernández Albor y otros cargos fallecidos, incluso el expresidente Adolfo Suárez, “patrimonio de todos los españoles”, pero sobre todo en destinar varios minutos a recordar por su nombre y apellidos a los 26 militantes víctimas de los asesinos de ETA. La dirigente popular incidió en ese punto sobre que fue el Gobierno de Rajoy el que “certificó el fin” de la banda terrorista.

Con la voz en varias ocasiones rota y la emoción en los ojos, Cospedal quiso tener un recuerdo particular al final para su marido y para su hijo. Y no fue de trámite. Porque usó esa alusión para agradecer la buena cara que le han puesto “ante ausencias tan numerosas y a veces infamias tan injustas”. La secretaria general entiende que no se ha valorado suficiente los malos tragos que ha tenido que sufrir estos años y en especial tras la aparición del caso Gürtel, en el que otros cargos no pusieron tanto la cara por el partido. En esa época, sin embargo, Cospedal llegó a pasar meses y meses sin comparecer jamás ante la prensa en la sede nacional del PP.

En la fase final de su despedida, Cospedal reservó otro espacio para fijarse en el futuro nuevo rumbo que tomará a partir de ahora el PP. Fue cuando dijo que ahora se cierra una página pero se abre otra y cuando enfatizó que debe cruzarse esa ralla “con el orgullo intacto de lo hecho por España y los españoles”. En ese apartado Cospedal comentó que los “errores deben servir para aprender” pero no precisó más. La secretaria general saliente no citó en ningún momento a qué se refería con esos fallos, aunque durante la reciente campaña electoral interna sí se atrevió a cuestionar cómo se aplicó por parte del Gobierno de Rajoy del que formó parte la intervención de Cataluña con el artículo 155 de la Constitución. Entonces dijo que le pareció una reacción tardía y débil. En su intervención de este viernes en el Congreso del PP no lo repitió.

Lo que sí señaló Cospedal, en genérico, fueron piropos al “buen Gobierno de Rajoy” pero para resaltar que en los seis años y medio en los que se ha gobernado “se ha roto la cara en cualquier lugar de España por todas las medidas que salían del Consejo de Ministros”. Y añadió en otro mensaje implícito e indirecto a los que ahora no suscriben todas las actuaciones políticas emprendidas: “Lo haríamos de nuevo, como lo hicimos sin dudar y sin rechistar, con sentido de la responsabilidad”.

Cospedal no se refirió por su nombre nunca ni a Soraya Sáenz de Santamaría ni tampoco a Pablo Casado. Sí encomendó, en su apartado de tareas para el futuro, que desde el lunes los nuevos responsables del PP tendrán otra oportunidad para acertar y sobre todo “para cerrar bien” este proceso “con unidad, integración y grandeza”.



EL PAÍS

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