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El Salvador países

Los ‘niños ilegales’




Desde que en 2014 más de 60,000 menores no acompañados, principalmente del norte de Centroamérica, llegaron a Estados Unidos de forma indocumentada, los niños migrantes han estado en el centro del debate en esta materia. Desde entonces, si bien los números descendieron, miles de menores centroamericanos han seguido llegando a México y Estados Unidos. Muchos de ellos, en busca de refugio. Niños que temen ser asesinados en sus países. Este 2018, los niños volvieron a estar bajo los reflectores cuando la administración del presidente estadounidense Donald Trump tomó una decisión que dejó atónita a la comunidad internacional. Decidió separar a los niños de los adultos. Recluir a los niños migrantes lejos de sus padres. Más de 2,300 menores fueron separados de sus familiares en la frontera estadounidense cuando fueron detenidos intentando entrar sin permiso de nadie a ese país. Muchos padres fueron deportados a El Salvador, Honduras, Guatemala, mientras sus hijos seguían -siguen- en Estados Unidos en centros de detención. La medida fue cancelada por orden ejecutiva del propio Trump, a finales de junio, pero cientos de padres siguen lejos de sus hijos que han quedado atorados en el proceso burocrático de un sistema que supo cómo separar, pero que no sabe exactamente cómo reunir. Desde 2008, El Faro ha puesto la cobertura de migración en el centro de sus ejes de trabajo. Desde enero de ese año hasta 2010, un equipo de este periódico y de la organización de fotografía documental Ruido Photo, con sede en Barcelona, siguieron el viaje de los centroamericanos a través de México, en busca de llegar a Estados Unidos. Tras esa cobertura, El Faro continuó visitando México y Estados Unidos en busca de los indocumentados. Estas son algunas de las imágenes de niños migrantes que han sido tomadas durante esas coberturas. La intención es ponerle rostro a una población migrante, la de los niños, numerosa y que, cada vez más, es tratada con menos consideraciones por su edad. Cada vez más, son tratados como unos migrantes más, con todo el desprecio que eso conlleva. Niños que se han convertido, utilizando el despectivo adjetivo con el que algunos estadounidenses, incluido Trump, llaman a los indocumentados, en “niños ilegales”.



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