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Vargas y Petro se escogieron como rivales


Uno de los hechos políticos más visibles del período de vacaciones es que Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro mantuvieron un debate en Twitter en el que no hubo descalificaciones sino un debate programático. Y lo es porque el ex vicepresidente y el ex alcalde de Bogotá se graduaron mutuamente como rivales, lo que les ayuda a posicionarse, a definirse por contraste y a subir su perfil justo cuando arranca el semestre electoral.

La discusión arrancó el 22 de diciembre, el viernes antes del puente de Navidad, cuando Petro metió la cucharada para responder a un trino que le envió Vargas al también aspirante Sergio Fajardo:

A partir de ahí y durante varios días antes y después de Navidad, Petro y Vargas se trenzaron en un debate sobre el modelo económico que proponen para Colombia, que para Vargas debe tener como eje incentivar el crecimiento económico facilitando la inversión privada (incluyendo en minería e hidrocarburos), mientras que para Petro debe centrarse en impulsar sectores no extractivistas de la economía (sobre todo la industria y el agro) para evitar el impacto de la llamada enfermedad holandesa.

Según una fuente de la campaña de Vargas, no buscaron ese debate, pero apenas Petro trinó, vieron el potencial de graduarse como el anti Petro.

Con la discusión abierta, el 28 de diciembre, día de los inocentes, Petro publicó un post con sus diferencias programáticas con Vargas y lo divulgó en Twitter, como parte de esa discusión.

Y en los primeros días de enero Petro y Vargas armaron otra discusión sobre seguridad, cuando el primero respondió a la propuesta del segundo de reducir la edad para imputar delitos de 14 a 12 años.

En general, Petro propone ampliar las políticas sociales para reducir lo que a su juicio son las causas de la delicuencia (habla, por ejemplo, de programas de “inclusión social juvenil y campesina” como parte de la política de seguridad), minetras que Vagras hace énfasis en fortalecer laos órganos de justicia y polícía para prevenir y reprimir los delitos.

Esa discusión se calentó tras el incidente en el norte del Cauca entre soldados e indígenas armados con machetes que ocuparon una finca, del que circuló un video en el que uno de los indígenas la pone un machete en el cuello a un soldado (afortunadamente sin que finalmente hubiera violencia de ninguno de los lados)

Así, mientras buena parte del país descansaba o festejaba la Navidad y el año nuevo, y los otros aspirantes pasaban días más tranquilos frente a la opinión, Petro y Vargas se medían a una confrontación centrada en sus diferencias programáticas.

El gana – gana

Esa discusión puso a Vargas y Petro a mojar prensa, lo que ya es una ganancia en un partidor que todavía tiene una docena de aspirantes.

Pero tiene un potencial mayor: que dos de los candidatos que hoy parecen más viables, que tienen más trayectoria política y posiciones políticas más claras, definan quién es su rival a vencer, con lo que los dos ganan visibilidad, publicitan sus posiciones y propuestas, y se definen por contraste.

“Ellos reflejan los dos lados de un país polarizado”, explica un estratega político que no revela su nombre por estar vinculado a campañas para estas elecciones. “Esa polarización se va a resolver en las elecciones y con la pelea cada uno reconoce al otro como quien representa uno de esos dos lados, y logra que el otro le conceda esa característica”.

Como el Acuerdo con las Farc rompió un equilibrio fundamental en las élites, esa polarización no parece ser pasajera, o por lo menos tiene raíces profundas. Y ellos lo pueden aprovechar.

Del lado de Vargas, elegir a Petro como su rival refuerza su estrategia de tomarse la derecha, que arrancó con la entrevista de octubre en prime time en Caracol Televisión, en la que se apropió del discurso uribista. Y eso porque el ex alcalde es un sparring perfecto para un candidato que se quiera mostrar como anti izquierda, pues encarna el miedo al ‘castrochavismo’.

No solo porque Petro sea un desmovilizado del M-19, sino porque ha coqueteado en el pasado con el chavismo, como por ejemplo mostró en sus trinos tras la muerte de Hugo Chávez y en julio pasado fue el único aspirante presidencial que salió a defender la polémica Constituyente de Nicolás Maduro.

Además, como alcalde tomó decisiones que crearon una imagen de ser estatista y anti empresarial (una imagen que debaten quienes lo defienden, pero que es un fantasma que lo persigue), y en campaña sostiene que lo que necesita Colombia es aplicar en todo el país lo que él hizo en la Bogotá Humana.

Por eso, para el ex vicepresidente, ser el anti Petro le puede ayudar a mostrarse como el antídoto al castrochavismo.

Además, mientras que las decisiones de Petro en Bogotá llevaron a que le llovieran críticas de sus opositores por rajarse en ejecución y por problemas para administraar como la alta rotación en buena parte de su equipo de gobierno, Vargas construyó una imagen de ejecutro durante los dos gobiernos de Juan Manuel Santos, especialmente con el programa de 100 mil casa gratis y otros al impulso de la construcción y las concesiones viales de cuarta generación.

Del otro lado, Vargas también es un rival que encaja en los males a vencer del discurso de Petro.

Primero, porque encarna el político tradicional y de élite: es bogotano, nieto de presidente, político de carrera (arrancó como concejal de Bojacá, en la Sabana de Bogotá, a los 21 años, y fue concejal de Bogotá, representante, senador, Ministro y Vicepresidente).

Además, por la estrategia de crecimiento de su partido, Cambio Radical, encarna las alianzas con herederos de parapolíticos y el clientelismo, dos de los temas que Petro ha criticado a lo largo de su carrera y que lo ayudaron a ser un senadfor estrella y catapultarse a la política nacional hace una década.

Segundo, porque es el gran aliado político de Enrique Peñalosa, el alcalde de Bogotá y némesis en lo local de Petro.

Tercero, porque defiende la mano dura en materia de seguridad, la faceta por la que quizás fue más reconocido en su paso por el Senado durante las presidencias de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, como con sus debates sobre los abusos de las Farc en la zona que despejó Pastrana en el Caguán. Además, fue víctima de dos atentados con bomba

Y, cuarto, porque tiene una visión pro empresas, como ha demostrado en sus propuesta tributaria de reducir notoriamente los impuestos a las empresas con la apuesta de que eso reactiva sus inversiones y contrataciones, aumente la actividad económica general y así el Estado termine con los mismos ingresos.

De hecho, Petro lo criticó justamente en esos tres puntos: sus aliados políticos (sobre lo que Vargas no respondió), y sus políticas económica y de seguridad.

Con el debate los dos se posicionaron, lo que es importante en la media en que ambos tienen potenciales rivales en sus lados del espectro político, y de que la estrategia de polarización puede jugar en favor de una estrategia .

Por eso falta ver cómo reaccionan los demás aspirantes ahora que pasan las vacaciones, la opinión se empieza a concentrar en las elecciones a medida que se acercan

¿Y los demás?

Fajardo, el otro candidato que puntea en las encuestas, no compró las peleas que le propusieron Petro y Vargas: el primero sacó un documento con sus diferencias programáticas frente a él antes que el de Vargas; y el debate Petro-Vargas empezó con el ex vicepresidente criticándo al ex gobernador, como venía haciendo hace semanas. Fajardo no entró en ninguno de esos debates.

Esa reacción, que es fiel a su estilo de no entrar en confrontaciones, también puede ayudarle a meterse por el centro de la polarización, que es la estrategia tipo Macron.

Su silencio podría ayudarle a lograrlo pues la gente está cansada de los políticos y sus peleas, y por eso mantenerse alejado le sirve para seguir en el centro y para cultivar la imagen de político diferente que lo impulsa.

Sin embargo, como el debate ha sido programático, es adiferencia no es tan notoria. Y, en cambio, corre el riesgo de quedarse sin discurso, o con uno que a ojos de muchos sea vago o tibio, cosa que ya le han criticado en el pasado.

Eso puede resultarle especialmente costoso si las listas del Polo y el Verde, los dos partidos que lo apoyan, no obtienen buenos resultados en las legislativas de marzo, con lo que podría repetirse la desinflada de 2010 en las legislativas.

Sobre todo si el otro candidato que puede meterse por la mitad de la polarización, Humberto De La Calle, sale fortalecido en marzo por buenos resultados de su partido, el Liberal. Además, el ex jefe negociador ha ido delineado unas propuestas programáticas más claras que le pueden ayudar a ocupar ese espacio de centro.

Y es que si bien De La Calle no está cerca en las encuestas, sí tiene detrás una estructura política que puede ayudarle en la campaña y que puede catapultarlo como el candidato del centro si le va bien en marzo, mal a quienes apoyan a Fajardo y así empieza a cuajar la propuesta que lanzó este sábado de hacer una coalición con Fajardo (y no con Petro y Clara López).

Por su lado, en la derecha el uribista Iván Duque y la ex ministra Marta Lucía Ramírez siguen pendientes de definir el mecanismo y momento para armar su coalición, lo que le da a Vargas la oportunidad de irse mostrando como el candidato que puede evitar el castrochavismo.

Ese panorama irá evolucionando y los resultados de las elecciones a Congreso en marzo pueden dar grandes sacudones si, por ejemplo, la “lista de la decencia” de Petro no pasa el umbral o si al uribismo o a Cambio Radical les va particularmente bien o especialmente mal.

Mientras tanto, Vargas y Petro tienen todos los incentivos para seguir enfrentándose.




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