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Desigualdad de género


La primera vez que leí Lo que el viento se llevó fue a principios de mi adolescencia. Desde entonces Scarlett O’Hara se convirtió en mi heroína preferida, aunque para todo aquel que lea la novela, la definición de “heroína” no encajaría bien en un personaje, que destila egoísmo, vanidad y manipulación.

Sin embargo, si tratamos de pasar por alto aquellos defectos, es lo que representa Scarlett dentro de la sociedad de la época lo que siempre me llamó la atención: es una mujer independiente y decidida, dispuesta a romper con los esquemas sociales para salir adelante al costo que sea.

Otra característica destacable es su inteligencia, que es vista como cualidad indeseada en una mujer, por lo que ella debe usar su sexualidad para surgir en un mundo dominado por los hombres. Es esta contradicción lo que más me inquieta: para ella el ser una mujer sumamente atractiva se convierte en su peor desventaja, que sumada a su inteligencia y a la falta de sumisión, la hace ser poco deseada como material de “esposa”.

En conclusión, se puede ser bella a la vista, pero su identidad y sexualidad como mujer deben ser suprimidas para poder ser el modelo ejemplar.

Aunque a lo largo de los años el mundo nos ha traído feministas más acordes con nuestra realidad, el feminismo sigue a la sombra de las innumerables descalificaciones que surgen en su contra.

El empoderamiento de la mujer supone en muchos aspectos una amenaza a la sociedad en la que vivimos, donde es común que se le discrimine para puestos de trabajo por el costo que supone cubrir las licencias de maternidad o, peor aún, donde el acoso femenino es normalizado.

Otro fenómeno preocupante es la cosificación de la mujer, el cual se encuentra extendido en nuestra sociedad donde prácticamente “todo” puede ser mercadeado usando a una mujer con poca ropa, en posiciones sugestivas y con cuerpo escultural. La mujer es un ser sexual a conveniencia, pero que debe ser suprimido en diferentes aspectos de la vida cotidiana, hasta quedar vulnerable ante la violencia y el acoso sexual.

Muchas de las situaciones de empoderamiento de la mujer están ligadas al reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos.

Y es muy interesante que la obra de Margaret Mitchell nos brinde un ejemplo, cuando Scarlett le dice a Rhett Buttler su expreso deseo de no tener más hijos, derecho que se “cumple” hasta que se da un acto de violencia sexual en un momento de rabia.

Rhett Buttler justifica su acción como producto de los celos y el alcohol y pide disculpas al día siguiente, en una escena que destila romanticismo para una época en que la mujer era propiedad absoluta de su marido.

Hoy en día, desgraciadamente, esa realidad no está muy lejana del hecho que acabamos de mencionar.

Es por esto que el derecho de una mujer de decidir sobre sus relaciones sexuales, sea soltera o casada, sobre métodos anticonceptivos y de protección contra enfermedades infecciosas de transmisión sexual, el número de hijos y cuándo tener dichos hijos, afectará grandemente su educación, su desarrollo profesional e incluso hacerle frente a la violencia de género.

El año 2017 nos dejó la campaña #Yotambien y en inglés #MeToo para denunciar el acoso sexual, y que se volvió viral en redes sociales como un llamado de atención sobre el acto de violencia que sufren las mujeres alrededor del mundo.

Lo que desanima es que aún en este siglo, pese a los avances tecnológicos y los campos que ha ido conquistando la mujer a través de las décadas, si comparo la situación de discriminación, racismo y machismo predominante en una obra ambientada en el siglo XIX (pero publicada en el año 1936), los paralelos siguen siendo enormes.

Si pudiera viajar en el tiempo, hubiera querido elegir una heroína real y con carisma humano, sin embargo, debo agradecerle a Scarlett el pintarme un retrato de una mujer que dentro de sus imperfecciones podía revolver los cimientos de una sociedad y plantearse su propio destino.

El momento de que las mujeres ejerzamos nuestros derechos tiene que suceder como un cambio de actitud a nivel individual, que a la par reciba apoyo de la comunidad, todo eso dentro de un marco de políticas de Estado, que van desde el tema de educación, derechos laborales hasta salud.

La sociedad como un todo debe tomarlo como un reto, un reto que trascienda las redes sociales y que deje normalizar aquello que es violencia de género.

La autora es magíster en salud pública



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