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Nunca tuve una bicicleta


Era tan pequeña que yo parecía buitre en cable de luz subido en ella y mi hermana, iba en la parte de atrás.

Foto propiedad de: Internet

 

Ayer fue día de Reyes. Todos fuimos niños y sobre todo en el centro y sureste del país, la tradición de los Reyes Magos es una fuerte tradición viva. De niño, te dormías con la ilusión de amanecer y ver los regalos que te habían traído los Reyes Magos. Si hay un regalo que quise y nunca tuve, fue una bicicleta.

No es la primera vez que cuento esto y lo cuento sin ninguna frustración. Fui un niño feliz. Fui hijo, sobrino y nieto muy amado. Fui hijo único durante seis años, así que ni tuve falta de amor ni sé lo que es el hambre. Aunque éramos pobres, siempre comimos tres veces al día. Pero es cierto también que nunca tuve una bicicleta y sin embargo esta aseveración mía es inexacta. En alguna ocasión, mi madre, con mucho esfuerzo, compró una pequeña bicicleta. Apenas nos la dio, mi hermana Mónica y yo salimos a usarla.

Era tan pequeña que yo parecía buitre en cable de luz subido en ella y mi hermana, iba en la parte de atrás. Yo debía haber tenido unos doce años y mi hermana seis. Aunque llovía, nos paseábamos con la bicicleta y en una de esas, chocamos. La bicicleta era tan pequeña que de inmediato se nos descompuso, se le cayeron los pedales, no aguantaba mi peso y dejó de servir. 

Ayer, mientras comía en Santa María la Ribera, se acercó un niño de unos seis años vendiendo flores. En la mano traía una pequeña arma de juguete, de plástico, como una pistola espacial, que seguramente alguien le había regalado. Trabajaba -como seguro trabaja todos los días de su vida- el día en que otros niños están jugando con los juguetes nuevos que los Reyes les trajeron. Me dolió verlo, me dolió su realidad.

He reiterado que no debería haber un solo niño  trabajando en nuestra patria. Que los niños trabajen nada tiene que ver con la corrupción de los políticos que desgobierna el país. Así funciona este sistema económico y hay que cambiarlo.

Yo vengo de una familia pobre, y pocos habrían apostado a que mi vida fuera lo que hoy es. Veo la rabia que le da a más de un clasista y racista cuando me ven viajar, o acceder a algún restaurante que ellos consideran ser de su goce exclusivo. Quisieran que siguiéramos en nuestro lugar, sin goce, sin disfrute de la vida, embrutecidos por el trabajo y diciendo: sí señor, no señor, lo que usted diga, señor. O quisieran que si accedemos a mejores condiciones de vida, renegáramos de nuestro origen, diéramos la espalda  al lugar del que venimos y traicionáramos nuestra raíz.

Por eso son tan rabiosos en sus supuestas críticas a quienes desde la izquierda, impulsamos un cambio profundo en el país y vivimos disfrutando de la vida.

Pretenden que debemos vivir en la miseria y consumidos por el hambre para tener derecho a alzar la voz contra las injusticias y las canalladas a que es sometido nuestro pueblo. Pero en realidad, lo que más los exaspera es que no renunciemos a la lucha, cuando según ellos, ya hemos accedido a una vida de privilegios. 

Les cuesta entender que haya gente con principios, dignidad, ideales, sueños y que realmente desee servir a los demás. No pocas veces profesan una religión que a ello convoca y sin embargo, no les entra en la sesera que alguien, que además de asumirse ateo, se mueva con dichos puntos de referencia. 

Así las cosas, como les decía, en esencia nunca tuve una bicicleta y sin embargo, fui un niño amado. También por eso se equivocan quienes creen que es el odio el que me mueve. Los motores de mi acción son muy simples: nadie puede ser imparcial frente a la injusticia, el hambre, la desigualdad, la brutalidad y la miseria en que vive nuestro pueblo. Hay que tomar partido y sólo existen dos opciones: estar del lado de los opresores o estar del lado de quienes luchan por la liberación de nuestro pueblo. Sé lo que es querer una bicicleta y no tenerla y ahora sé, lo que debieron sentir en mi casa quienes me amaban y queriendo entregarme una, no tenían manera de complacer mis deseos. 

Así las cosas, estoy muy claro que yo nací del lado de los oprimidos y con ellos y por su liberación me pronuncio.

“El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz”

.Gerardo Fernández Noroña.

México D.F. a 7 de enero de 2018.



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