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Nueva Constitucin Estamos dispuestos a dar el paso? » Opinin


En estos das, cuando an vemos cmo el gobierno se deslegitima cada da ms, vuelven a asaltarme algunas interrogantes respecto a la representacin poltica y el poder constituido y constituyente, positivado en la actual Constitucin. Cul es la naturaleza de la representacin poltica, del ejercicio del poder? En dnde reside el poder de la sociedad? Quin decide cmo son representados los pueblos originarios? Y si planteamos el cambio de la Constitucin A dnde, cules sern sus nuevas coordenadas? Por qu en un Estado republicano y democrtico (en ese orden), no se ha cuestionado nunca la supervivencia de instituciones de carcter monrquico como las prerrogativas presidenciales del indulto, la gracia o la convocatoria a elecciones? Porque en un Estado pluricultural y multilinge no es parte del discurso el cuestionamiento a la naturaleza de la representacin poltica en un Estado nacin que an padece su propia colonialidad.

Ahora, en las calles, el pedido de una nueva Constitucin es constante, que se agita sin ninguna direccin previsible. El carcter ilegtimo de la actual Constitucin, ganado durante la dictadura, es parte del cuestionamiento y los imaginarios que se han construido en los discursos polticos que se remiten principalmente al captulo econmico.

A qu clase de liderazgos, incluidos los que claman por una nueva Constitucin, les conviene este modelo de representacin poltica? Pues nunca ponen como prioridad nuevas coordenadas, o las ponen muy antiguas, que se apropian del devenir trascendente de las culturas originarias. Pues todo lo que se dice hasta ahora solo plantea y reproduce modificaciones desde el jerarquizado modelo romano colonial o estalinista, positivado y naturalizado como nicos, incuestionables y hegemnicos.

La izquierda, como reproductora de los discursos del multilateralismo oenegesero de raigambre colonial, se ha posicionado a partir de las demandas ambientales, de los derechos de las mujeres y minoras sexuales, cuestionando los mecanismos del desarrollismo, pero siempre desde la misma ptica positivista romana colonial que nos rige. Nunca se ha discutido la posibilidad de nuevas coordenadas, ni ha tomado la visin y accin, aun presente, de las comunidades y los pueblos originarios.

Por eso la naturaleza de la representacin poltica se sigue pensando como hegemnica, nica e incuestionable, a diferencia de lo que ocurre en los pueblos originarios, en donde la representacin resulta en un dispositivo que constituye el sujeto como parte de su ser colectivo. El individuo constituido en tanto parte del paisaje de su comunidad y en tanto se pone al servicio de esta mediante el ejercicio de la representacin, nos remite a preguntarnos, en primer lugar, si estamos dispuestos a construir una nueva Constitucin que se entronque en el modelo cultural de nuestras culturas originarias.

El segundo punto sera constituir la sociedad a partir de la persona, su materialidad, sus subjetividades, sus imaginarios y sus relaciones colectivas y de poder, dejando de lado el jerarquizado contrato de bienes, la familia del modelo romano colonial, tal como establece la actual Constitucin, deviniendo en horizontal y contenido en una perspectiva trascendente: el bien comn, que lo vinculara con la tradicin colectiva y comunitaria de nuestros pueblos originarios.

La fraternidad, el tercer principio olvidado de la revolucin francesa, constituye a los sujetos en su libertad e igualdad, pero en un marco de fraternidad. Al ser la persona y no la familia quien constituye la base de la sociedad. El paisaje poltico no se reducira a tenencia de bienes sino a un paisaje pluricultural, plurilingstico, plurisexual, plurigenrico que exigir estar representado como una diversidad de ncleos que constituyen a la sociedad transversalmente. Por tanto, en legtimas condiciones podran acceder a la representacin; pero, estamos dispuestos a dar ese paso?

As, queda planteado el reto de los mecanismos de representacin poltica legtima de los pueblos originarios y todas las diversas ciudadanas. Lo contrario sera volver a caer en la imposicin del modelo romano colonial jerarquizado de la partidocracia. El reto ser entonces remitirnos automticamente al modelo comunal asamblesta. Para hacer efectiva la participacin poltica de todos y todas. Este modelo asamblesta tiene larga experiencia y es la forma efectiva en que participan activamente los pueblos originarios interculturalmente. Entonces, la naturaleza de la representacin poltica no radica, desde esta visin, en la representacin jerarquizada y privilegiada que siempre establece exclusiones y marginalidades, sino en el servicio a colectivo. La pregunta que nos asalta nuevamente es: estamos dispuestos a dar ese paso?

Es una perspectiva posible, que podra establecerse en el nuevo marco constitucional y normativo gracias a la renovacin por tercios u otras posibilidades que podran brindar las nuevas tecnologas y la democracia de alta intensidad, activa, continua y vigilante, donde la representacin poltica no se constituya en algo rgido e irrevocable, sino a la manera de voceros de la asamblea comunal; su permanencia en el cargo sera posible en tanto no sea revocado de su cargo gracias a la democracia de intenso control social. Existen algunas experiencias en ese sentido, como la del partido del internet en Espaa, que tiene un software para el ejercicio de la democracia liquida, que lo distribuye gratuitamente; eso hara ms rpida, real y efectiva, no solo la representacin poltica sino tambin su legitimidad. Otra posibilidad es recoger la experiencia asamblesta de los zapatistas que les permite sobrevivir pese a lo invisibilidades e ilegitimados por el Estado mexicano.

La legitimidad actual no es cuestionada en ninguna plataforma poltica, ni siquiera de la izquierda, pese a que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se rige por una ley que le otorga la funcin de garante de la legalidad, pero no de la legitimidad. Esto ha llevado a que ms del 56% de la poblacin electoral no est representada en el congreso, quedando en manos de un partido al que le han asignado el 60% de las representaciones con tan solo 36% de la votacin. Gracias a esta ley se establece que solo los partidos que tengan ms del 5% de votacin estarn representados en el Congreso, norma legal que tiene forma democrtica, pero est vaciada de contenido democrtico, poniendo en cuestin la legitimidad de la representacin, as como las relaciones de poder sobre quin manda y quin obedece. Podra ocurrir que en las siguientes elecciones solo un partido logre el 5% y todos los dems menos de esa cifra; automticamente el 100% de la representacin congresal recaera en dicho partido de manera ilegtima, aunque legal.

En la actualidad, las calles, los partidos de izquierdas, Julio Guzmn y hasta el Movadef, gritan nueva Constitucin. Pero lo que nadie dice es en manos de quin o bajo qu clase de instituciones piensan poner el poder.



losandes

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