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También el liderazgo falta | elPeriódico de Guatemala


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Una política sin líderes políticos revela la pobreza de la crisis guatemalteca. No aparece el empresario exitoso sino asustado, que no encabeza un proyecto; ni el líder político dueño de una retórica que suma militantes, pero no, está preocupado por los impuestos. O un caudillo militar, a quien respetan más sus compañeros y evita los pactos de Corrupción.

El caudillismo es la forma primitiva de la dictadura moderna. Es un producto del caudillismo de las guerras de independencia, la historia nos enseña que en la formación del Estado nacional aparece siempre el caudillo, figura señera que convence, dirige y unifica las fuerzas oligárquicas capaces de construir una alianza política como la base de la unidad criolla. Quién no sabe que Guatemala tuvo uno de los caudillos más relevantes de América Latina, Justo Rufino Barrios. Aparentemente lo tenía todo, dinero, talento, capacidad militar y, sobre todo, audacia con lo que completa su figura suficientemente carismática para atravesar la historia y llegar hasta hoy día, exagerando por todos lados su carácter fundador. Hoy día, el país atraviesa una crisis de desestructuración; y probablemente donde más aparece es en la ausencia de los liderazgos políticos, probables candidatos que se cayeron en el lodo de la corrupción.

El liderazgo no es bueno ni malo en sí mismo, pero de él se espera que pueda asumir la cuestión crucial de si favorece o no a la comunidad. El fenómeno por lo tanto solo aparece en el ámbito de lo político y el papel de su actuación siempre ocurre en relación al Estado por intermedio de los partidos políticos. El análisis del liderazgo político puede verse desde distintas ópticas. Es clásico el análisis que sobre las formas de dominación realizó Max Weber en la historia del medioevo hasta estos días. Una metodología le permitió identificar tres tipos ideales, que señala básicamente la dominación legal, la tradicional y la carismática. Siendo la primera la que anuncia que la sociedad está en plan de modernización. No obstante, el Estado tradicional y su fuerza se apoyó en las formas más perversas de la dominación patrimonial, confundiendo los valores públicos en opciones personales. Y la carismática, que es la dominación que ejerce una fuerte personalidad por algunos rasgos excepcionales: Hitler tenía un fuerte Carisma.

Los retrasos en la estructuración del Estado moderno se originaron en parte en el papel de los “caudillos” que el país ha podido dar, si recordamos por ejemplo la figura oscura de Estrada Cabrera, carismática al revés, ejerciendo una dominación ilegal y utilizando con creces los métodos patrimoniales. El país tuvo que soportar a este pequeño caudillo durante 22 años prácticamente deteniendo el progreso. Después de 1878 y hasta el presente, Guatemala ha experimentado la presencia obligada de pequeños caudillos militares, salvo la presencia de la egregia figura de Juan José Arévalo, fuertemente carismático, legal, que por su formación y energía se convirtió en un Estadista. Dividamos la historia reciente para hacer una odiosa comparación: Los 20 años de gobierno de conflicto interno (1965) que fueron dictaduras militares, pequeños jefes de cuartel. Fueron dos décadas sin liderazgo, una prueba evidente de la crisis política, de la calidad de quienes gobernaron hasta 1985. También es testimonio de las carencias que tiene la sociedad la calidad de los nueve gobiernos que han estado desde 1985 hasta el presente, con el país creciendo a un ritmo menor que su población, con un silencioso colapso de las políticas en educación y salud.

Si estos nueve gobiernos se hubiesen entusiasmado (o convencido) con el seis por ciento como promedio anual del crecimiento del PIB, la probabilidad de empujar el cambio y terminar, por ejemplo, con los niños que padecen desnutrición le daría a esta fracasada elite civil el reconocimiento que hubo voluntad para hacerlo. Es tiempo de decirlo en voz alta: constituye una oportunidad perdida que lamentamos profundamente, que los gobiernos de Cerezo y Portillo, líderes reconocidos, se desentendieran de la oportunidad de ayudar al desarrollo del país. El gobierno de Vinicio tenía la obligación de trazar un Programa de Nación de largo plazo, que con su liderazgo pudo lograr. Tuvieron todos los méritos para actuar como caudillos políticos. Fue el primer gobierno civil después de Arévalo. A Alfonso, caudillo político de extraordinario potencial, el reclamo es doloroso. Desperdiciar su talento y su cultura, su juventud y popularidad, su programa partidario, sobre todo, el oral. Todo eso se desperdició para siempre. Y el país perdió porque además contribuyó a desacreditarlo. ¿Por qué no fueron los caudillos del nuevo momento?



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