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“El Estado puede olvidarse de ti, otras personas pueden olvidarse de ti, pero una madre jamás puede olvidarse de su hijo”: Ángela Ponce, la fotógrafa que retrata la búsqueda de desaparecidos en Perú


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Una mujer sostiene una ofrenda de flores en memoria a los muertos de Cayara. (Foto: Ángela Ponce)

“Ayacucho” significa en quechua “el rincón de los muertos”, pero sus esquinas están vivas de recuerdos.

Las casas, las palabras y la memoria de quienes habitan los pueblos y la ciudad homónima de esta región de la sierra sur de Perú están imbuidas de la presencia de aquellos que murieron y desaparecieron en las dos últimas décadas del siglo XX.

Decenas de miles de personas -la cifra exacta no se conoce, pero se calcula que asciende a 60.000- saldaron con su vida el conflicto armado entre el grupo maoísta Sendero Luminoso y el Estado.

Entre ellas, hay al menos 7.000 detenidos-desaparecidos que probablemente fueron asesinados y enterrados en fosas masivas secretas. A sus familiares nunca les dijeron dónde están ni qué ocurrió. Más de tres décadas después, siguen buscando respuestas.

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“La gran mayoría son mujeres, aunque sólo representan el 20% de los desaparecidos. Son las sobrevivientes un régimen de terror y obediencia que les sometió a abusos sexuales y trabajos forzados, y también las viudas y huérfanas”, le dice a BBC Mundo Ángela Ponce Romero, una joven fotógrafa de 23 años que estuvo tres visitando esas comunidades.

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Durante el conflicto, las mujeres representaron el 20% de muertos y desaparecidos. (Foto: Ángela Ponce).

Ángela se propuso crear con imágenes una memoria colectiva que convirtiera esa “lucha por la verdad y la justicia” en un recuerdo permanente de esa búsqueda incansable y en un mensaje de fuerza y poder, “de no olvidar sus ideales, de ejemplo para otras víctimas de terrorismo en el mundo y para quienes no conocen lo que ocurrió”.

“Yo no viví los años oscuros de Perú. Pero he vivido en carne propia lo que es tener un ser querido desaparecido (aunque no fue por ese conflicto)”, expresa la joven.

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Por eso no dudó en subir montañas y atravesar en varias ocasiones desde su Lima natal las complicadas rutas que conducen hasta las comunidades de Nazaret, Uchu, Yara, Lucanamarca, La Comarca y otras zonas de Ayacucho con un único objetivo: hablar con las sobrevivientes y documentar lo que vio y lo que le contaron.

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Hijas reconocen las prendas que usó su padre el día de su desaparición. (Foto: Ángela Ponce).

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Zosima Bravo fue asesinada por Sendero Luminoso. Después de 32 años, sus restos son entregados a sus hijos. (Foto: Ángela Ponce).

“No era fácil llegar allí siendo una extraña y asistir a esos actos conmemorativos, en los que a veces hay entregas de cuerpos. Pero nunca me dieron la espalda y obtuve el visto bueno desde el principio para publicar su historia”, recuerda.

“Ha habido trabajos previos sobre memoria y violencia, pero no tuvieron mucho respaldo por parte de los medios o de alguna entidad. Hay mucha impunidad y encubrimiento, a pesar del tiempo que ha pasado”.

Su esfuerzo dio sus frutos. Este verano, ganó el prestigioso premio de fotoperiodismo Visa de Oro humanitaria 2017 del Comité Internacional de la Cruz Roja. Sus fotos se exponen en Francia, en Perpiñán, y a partir del 28 de noviembre se verán por primera vez en Lima.

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Niños de la provincia de Cayara recrean la masacre en su localidad. (Foto: Ángela Ponce).

Censura y represión

“Hay mucha represión, encubrimiento y censura. Hay intereses de personas con mucho poder para intentar ocultar lo que ocurrió y que no se hable de ello”, dice Ponce.

Pero ¿qué es lo que quieren ocultar?

“Creo que se trata de lavarle la cara a los responsables, ya sean parte del Estado o civiles. Hay casos que se han dilatado por más de 10 años, juicios que se retrasan… A muchas personas les acusan de apología al terrorismo tan sólo por hablar del tema“.

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Pobladores de Uchu presencian la entrega de restos. (Foto: Ángela Ponce).

Ponce asegura que la nueva ley que emitió el gobierno este año sobre apología agrava la situación, pero admite que ella no ha recibido ninguna amenaza.

“Pienso que el premio de la Cruz Roja de cierta manera me respalda”.

Y añade: “Es difícil tratar de no tener una postura mascada al hablar del tema y no posicionarse. No se puede hablar sobre ello a medias tintas. En muchos casos, hacerlo ha costado muy caro”.

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Una mujer lleva flores en memoria a sus familiares desaparecidos. (Foto: Ángela Ponce).

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Mujeres sobrevivientes elevan oraciones junto al sacerdote de la comunidad. (Foto: Ángela Ponce).

Ponce asegura que en su país hay muchos casos abiertos y que el asunto ha quedado algo olvidado a nivel mediático.

Sin embargo, en los pueblos donde ocurrieron las masacres y hechos de violencia sigue muy presente.

“Recuerdo aquellas mujeres sosteniendo flores en conmemoración de las víctimas y la sombra que se proyectaba del hombre que hablaba sobre ellas. Y eso me hizo pensar que están presentes en las sombras, los pensamientos, las flores…”.

“Dicen que una persona sólo muere cuando se le olvida, pero ellas nunca olvidaron a sus hijos desaparecidos durante la época de violencia de Perú“.

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Dos niños desaparecidos son recordados por sus tías. Los vieron por última vez el 14 de agosto de 1985. (Foto: Ángela Ponce).

El hallazgo y la fortaleza

Ponce cuenta que muchos de los hijos de los desaparecidos ya no viven en el pueblo, pues el temor les obligó a emigrar, pero regresaron para poder enterrar a sus padres.

Hallar el cuerpo es un proceso doloroso.

“Ponen las cajas en osarios y las ordenan junto a la ropa que llevaba la persona cuando la encontraron. Los arman frente a los familiares para que ratifiquen la información”.

“Se quiebran al recordarlo todo, por el dolor, por el paso de los años, por poder enterrar a sus familiares después de tanto tiempo”.

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Familiares de víctimas en Uchu presencian la entrega de restos. (Foto: Ángela Ponce).

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Deudos llevan en hombros los restos de sus familiares hacia el cementerio comunal de Uchu. (Foto: Ángela Ponce).

“Cuando me contaban sus testimonios, en especial las madres que perdieron a sus hijos, yo misma estuve a punto de quebrarme”, dice Ángela.

“Sentía que era muy duro. Muchas veces quise quebrarme pero sentía que no debía hacerlo. Y ellas lo contaban todo de una forma tan serena que, a pesar de lo duro de la situación, transmitían paz”.

La fotógrafa dice que lo que más le impactó fue “la fortaleza de esas madres que nunca han descansado en más de 32 años sin saber nada sobre sus hijos”.

“Tan sólo tienen un pedazo de ropa maltratada por el paso de los años y siguen con la fuerza y esperanza, ya no sólo de encontrar el cuerpo, sino de lograr justicia para que descansen en paz”.

“El Estado puede olvidarse de ti, otras personas pueden olvidarse de ti, pero una madre jamás puede olvidarse de su hijo”.

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Ángela Ponce dice que seguirá “buscando justicia para que las autoridades sean más severas y rápidas a la hora de tomar acciones”. (Foto: Miguel Yovera)



BBC

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