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Nayib, Jhonny y la quimera de los movimientos políticos


Estamos en presencia de una situación política inédita: dos políticos jóvenes, Bukele y Wright, han declarado su pretensión de buscar la presidencia de la República y nuevos diputados en la Asamblea en las próximas elecciones. Nayib en 2019 y Johnny le apuesta a las legislativas del 2021.

La novedad de la que estamos hablando es el reflejo de una realidad: la sociedad está apática y harta de una clase política que ha pecado ya no solo de incapaz, sino también de corrupta.

Una pregunta que surge es: ¿La declaración de intenciones de estos caballeros afectará el tablero para el FMLN y ARENA? La respuesta es muy poco: Bukele puede quitarle algunos votos al Frente y lo de Wright simplemente es un anuncio que no tiene impacto electoral en lo inmediato.

No es comida de facebukeros construir un partido político con posibilidades de victoria para 2019 por varias razones: en primer lugar, por lo corto del tiempo; no se puede edificar una maquinaria electoral con asentamiento territorial de cobertura nacional en tan corto tiempo. No es tan fácil, como hacer café listo; es una labor de largo plazo, que supone integrar un destacamento de activistas con formación política, disciplinado, que en las ciudades y el campo promueva una candidatura; y después es necesario que ese nuevo partido cuente con “no afiliados” para que en las Juntas Receptoras de Votos defienda el sufragio.

En segundo lugar, a esta es hora nadie sabe, ¿cuál será el partido de Bukele? ¿Ya tiene elaborada una carta de principios?¿Cómo será la estructura organizativa? Uno se pregunta cuáles serán los ejes programáticos de su oferta electoral. No se conoce nada: ni el proyecto de estatutos ni quienes conformaran el organismo colegiado de dirección ni mucho menos cuál será la orientación ideológica del nuevo partido. Es un conjunto vacío este “proyecto de poder”.

Según Bukele el dinero para el funcionamiento partidario saldrá de donaciones hechas por medio de Paypal o utilizando una tarjeta de crédito. La verdadera realidad es que está por verse. Hacer política en El Salvador es caro. De acuerdo con datos de algunos medios de comunicación, solo los gastos en publicidad que hicieron el FMLN y ARENA en la última campaña presidencial rondaron los 11 millones de dólares.

El estudio de la experiencia internacional ayuda a ubicarse en lo que significa construir partido. Una experiencia ilustrativa es la de Podemos en España, que se se convirtió en tercera fuerza nacional en un tiempo récord. Como siempre, la personalidad no explica todo. Es cierto que el liderazgo de Pablo Iglesias fue clave; pero Podemos surgió de un robusto movimiento social: los indignados, que tomó las plazas de España en mayo de 2011 para pedir una regeneración política de ese país y recibió después el nombre de movimiento 15-M.

Esta experiencia de participación derivó luego en lo llamados “círculos”, que conformaron el ADN de Podemos: Ellos organizaron asambleas de barrio o de pueblo en las que se empezaron a reunir ciudadanos descontentos, organizados geográficamente, por profesión, o por tema.

Además Iglesias, y el resto de los líderes destacados de Podemos, tienen una sólida formación académica y fueron profesores de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, supieron ver la oportunidad política que generó en España la crisis económica y el descontento ciudadano con los partidos tradicionales y la aprovecharon.

Paremos de contar. Hay que decirlo de manera terminante: las aspiraciones de Bukele y Wright solo pueden ser viables en el largo plazo. En lo inmediato, lo positivo es que abren la discusión sobre un aspecto crucial de la vida política nacional: el fin del bipartidismo dominante en la clase política nacional.

Cada nueva encuesta que se publica genera el recurrente debate sobre el fin del bipartidismo, pero no hay que confundir deseos con realidad. Lo que verdaderamente tendría sentido es plantear una reforma constitucional para cambiar el artículo 85 de la carta magna donde se plantea que “los partidos políticos son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del gobierno”. Al lograr esta modificación a la Constitución se abriría el camino para una nueva forma de organización, los Movimientos Políticos, cuestión que si podría cambiar el sistema político del país y enriquecerlo. Pero esto, en las condiciones actuales, es una quimera.

 
Roberto Cañas es docente-investigador universitario, excomandante del FMLN y firmante de los Acuerdos de Paz. Consultor en temas de violencia y seguridad, especialista en análisis de riesgo político y negociaciones y resolución de conflictos, es miembro de Red de Seguridad Triangulo Norte. 



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