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una vida entre dos sueños


La vida de Melania Trump, nacida en Yugoslavia el 26 de abril de 1970, aparece entretejida de los dos grandes sueños de la segunda mitad del siglo XX: el comunista y el americano. Su padre, Viktor Knavs, formaba parte del sistema de autogestión de la Yugoslavia comunista en una fábrica de vehículos que, naturalmente, era propiedad del Estado. Algo semejante sucedía con su madre, Amalia, que realizaba patrones en otra fábrica estatal dedicada a la confección de ropa para niños. Por aquel entonces, la dictadura comunista de Tito gozaba de un excelente predicamento ya que no pocos la consideraban, gracias al modelo autogestionario, como una forma de socialismo preferible al soviético o al chino.

En un pequeño piso situado en un bloque copiado del sistema brezhneviano, transcurrió la infancia de Melania cuyo horizonte vital no podía ir más allá de cursar quizá estudios superiores. Se matriculó en la época en que su familia vivió en Ljubljana, pero, al cabo de un año, dejó los estudios. Stane Jerko, un fotógrafo esloveno, reparó en ella y aquellas imágenes llamaron la atención de una agencia de modelos situada en Milán. Posiblemente esa circunstancia no hubiera tenido mayor repercusión de no ser porque, al año siguiente, cayó el muro de Berlín y todo el bloque comunista comenzó a desplomarse de manera acelerada.

En 1996, cuando la Unión Soviética era ya un experimento social desaparecido un lustro atrás, Melania llegaba a Nueva York en busca de otro sueño bien diferente del que se había desvanecido en su tierra natal. A la sazón, los eslovenos podían entrar en Estados Unidos sólo por períodos de un año y Melania consiguió cuatro visados seguidos, aunque para ello tuviera que regresar periódicamente a Eslovenia para renovarlos. Mientras se convertía en portada de diferentes revistas, pasó a formar parte del equipo del Irene Marie Management Group y luego del Trump Model Management. En septiembre de 1998, con ocasión de la Semana de la moda en Nueva York, se encontró por primera vez con Donald Trump. El millonario estaba separado entonces de Maria Maples aunque todavía no había obtenido la sentencia de divorcio. Acompañado de Celina Midelfart, Donald se acercó a Melania y le pidió el número de teléfono aunque sin conseguirlo. Con todo, la persistencia del magnate acabó llevando a Melania a aceptar un noviazgo que duró poco. Sin embargo, tras unos meses de separación, volvieron a reunirse para no separarse jamás.

En 2000, apoyó calurosamente a Donald cuando éste intentó obtener la nominación del partido reformista. Un año después, al igual que sucede sólo con un reducido grupo de inmigrantes, se le concedió la residencia en la categoría de «extraordinary ability» o capacidad extraordinaria. El epígrafe –que cubre a científicos, artistas y profesionales especialmente cualificados entre otros– se relacionaba en este caso con su profesión de modelo. Cinco años después, de acuerdo con la ley de Estados Unidos, obtuvo la ciudadanía. A esas alturas, la vida de Melania ya estaba más que unida a la del actual presidente de Estados Unidos.

En 2004, la pareja –que Trump definió como «muy compatible»– se comprometió, casándose al año siguiente en Palm Beach, Florida. Como si fuera un sueño digno de una película de Hollywood, Melania lució un vestido de novia de la casa Christian Dior, valorado en más de 200.000 mil dólares. Entre los invitados se encontraban no sólo Rudy Giuliani, que ahora suena como posible ministro de justicia sino también una senadora que respondía al nombre de Hillary Clinton y que iba acompañada de su esposo Bill. Un año y medio después, Melania dio a luz a Barron William, conocido en casa como Little Donald. El niño iba a ser peculiar desde sus primeros años. Aunque se le asignó una planta de uso propio en la Trump Tower de Manhattan, lo cierto es que durmió en la habitación de sus padres a menudo. De Donald ha recibido el primer nombre y la afición al golf; de Melania, el segundo nombre y hablar en esloveno.

Distintas fuentes afirman que Melania fue decisiva a la hora de que Trump se decidiera a presentarse a las primarias del partido republicano. No se puede establecer con seguridad, sin embargo, si ese impulso fue mayor o menor que el de Bill Clinton que, hasta entonces, era amigo del millonario y que le indicó lo conveniente que sería intentar conseguir la nominación.

El hecho de que Melania es una mujer extraordinariamente atractiva y de que podían exponerse a la opinión pública las fotos de su época de modelo quizá influyó en que mantuviera un perfil bajo durante el inicio de la campaña electoral. A pesar de esa circunstancia, no tardó en ser objeto de continuados ataques. Primero, se la acusó de colgar en su página web un curriculum engordado que afirmaba que estaba titulada en arquitectura y diseño por la universidad de Ljubljana, cuando la realidad era que había dejado los estudios antes titularse. Después vino su discurso del 18 de julio donde uno de los párrafos era similar a otro pronunciado por Michelle Obama en la convención demócrata de 2008. Meredith McIver, el autor de los discursos del equipo de Trump, se responsabilizó del episodio y pidió disculpas. Pero la Prensa había decidido ya convertir en presa a la que consideraban uno de los talones de Aquiles de Trump. Mientras las redes recogían algunas de sus fotos en bikini –fotos totalmente normales en una modelo– el «Daily Mail» y el blog de Webster Tarpley publicaron que en los años noventa había trabajado en una agencia de prostitución de lujo. Cuando Melania interpuso demandas contra ambos, se produjeron sendas retractaciones acompañadas de disculpas.

A pesar de todo, Melania fue adoptando un papel cada vez más relevante a medida que la campaña se acercaba a su final. Sin duda, no es una oradora ni tiene el carisma que pudo tener en su día la Hillary que acompañaba a un Bill Clinton que ambicionaba la presidencia. Sin embargo, además del esloveno natal, habla con soltura el servo-croata de Yugoslavia, inglés, francés, italiano y alemán y, por encima de todo, ha sabido encarnar una imagen de serena belleza, de respaldo firme a su marido y de afectuosa madre de familia. No otra ha sido su intención confesa al adoptar como modelo a Jackie Kennedy. El 20 de enero de 2017, se convertirá en la segunda primera dama –la primera fue Louisa, la esposa de John Quincy Adams– que no nació en Estados Unidos. Pero más que todo, Melania será una muestra viva del abandono de un sueño que acabó en pesadilla y de la encarnación del sueño americano.



larazon

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