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Margaret Crane: la publicista que inventó el test doméstico de embarazo


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Foto cortesia Bonhams New Yor

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El primer “Predictor” comercializado basado en el prototipo de Margaret Crane fue fabricado en Canadá en 1971.

Margaret Crane fue contratada para realizar unos bocetos para una línea de cosméticos de una compañía farmacéutica, pero una sagaz observación de la joven publicista la llevó a crear una prueba “clave” en la historia de la liberación de las mujeres.

Era el año 1967 y en una visita a los laboratorios de Organon Pharmaceuticals en West Orange, New Jersey (Estados Unidos), algo llamó la atención de la diseñadora gráfica: una larga fila de probetas apoyadas sobre una superficie con un espejo.

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Margaret Crane

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Margaret Crane tiene ahora 75 años y sigue trabajando como freelance para algunos clientes.

Cuando supo que tenía ante sí pruebas de embarazo pensó ¿por qué no hacer eso mismo en casa?

“Mirándolos, inmediatamente pensé que sería muy sencillo que las mujeres lo hicieran ellas mimas en casa… así que intenté hacer lo posible para que así fuera”, le dijo Crane a BBC Mundo.

Y así comenzó todo.

Crane, que entonces tenía 26 años, no tenía formación científica pero, explica en tono pausado, uno de los químicos le explicó cómo funcionaba.

Cada probeta contenía reactivantes químicos que al detectar la hormona gonadotropina coriónica (hCG) –que generan las mujeres durante el embarazo– se formaba un círculo rojo en la base, que se reflejaba en el espejo.

Prototipo casero

En cuanto llegó a su casa en Nueva York se puso a “pensar en algo que sujetara un tubo y un espejo”. No fue fácil, pero tras varios intentos, un objeto sobre su mesa le dio la solución.

“Tenía una pequeña caja de plástico donde guardaba clips y me di cuenta de que era perfecto, tenía la forma perfecta, podías ver a través de él, poner un espejo e incluir un cuenta gotas”, rememora.

Eran todos los elementos necesarios para realizar el test en casa.

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La creación de Crane permitió a las mujeres conocer en la intimidad de su casa si estaban embarazadas.

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El modelo actual lo comercializa la multinacional Omega Pharma.

El prototipo que Margaret creó a finales de los sesenta fue subastado el pasado junio por US$11.875 y adquirido por el museo de Historia de América en Washington DC., que acaba de recibirlo.

La casa de subastas Bonhams se refirió a la prueba doméstica de embarazo como “uno de los productos más revolucionarios que cambiaron la vida del siglo XX y su invención fue un momento clave en la historia de la liberación de la mujer”.

Lea también: El mapa de los países donde se practican más y menos cesáreas en el mundo

Crane puso en manos de las propias mujeres el conocimiento de algo tan íntimo como el embarazo. Ya no era necesario acudir a un médico y esperar semanas al resultado, lo podían saber con discreción en su propia casa.

No obsante, el proyecto, una vez materializado años más tarde, también enfrentó críticas de aquellos que se opusieron por motivos morales, las de quienes consideraban que las mujeres no tenían derecho a someterse ellas mismas al test e incluso se vinculó al aborto, que todavía estaba prohibido en EE.UU.

No tan “buena idea”

Crane no le contó a nadie de su entorno su idea porque quería hablar primero con los representantes de Organon donde, pese a su entusiasmo, no tuvo la acogida que esperaba.

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Margaret Crane

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A finales de los 60 “las mujeres estaban al cuidado de su cuerpo, de sí mismas, se preocupaban por ello, por eso pensé que sería algo exitoso”. (Foto de Margaret Crane, 1966)

“Se lo conté a mis jefes pero pensaron que no era una buena idea, casi que se rieron”, cuenta.

“Temían que poner directamente en manos de las usuarias un producto así acabara con el negocio del laboratorio y pensaron que además a los médicos no les gustaría la idea”.

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No pensaron que podría ser un producto útil para las mujeres, simplemente no lo vieron así”, agregó.

Pero Crane, no se dio por vencida.

Su momento llegó cuando en una reunión en la casa matriz de la farmacéutica en Holanda uno de los ejecutivos estadounidenses mencionó la idea de Crane.

“A los directivos holandeses les pareció una estupenda idea porque en Europa ya tenían productos de venta directa al consumidor que funcionaban”.

Así que asignaron presupuesto para iniciar un estudio de mercado y la idea fue tomando cuerpo aunque no recibió un dólar. Bueno, uno sí.

Un dólar

La compañía registró en 1969 dos patentes a nombre de Margaret Crane, quien reconoce que no lo hubiera podido hacer por sí misma porque costaba miles de dólares.

A cambio, la joven Crane renunció a sus derechos sobre la idea, por un dólar.

Confiesa que posteriormente pensó que no volvería a entrar a esa sala de reuniones sola, sin un abogado o representante, pero no se arrepiente.

“Estoy contenta de haberlo hecho porque realmente quería que este producto saliera adelante”, destaca.

“Lo volvería hacer otra vez porque fue la forma de que sucediera”.

El amor de su vida

“Fue el principio de mi vida en muchos sentidos”, recuerda.

La compañía contrató entonces a diseñadores de producto y publicistas profesionales para lanzarlo al mercado.

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Margaret Crane

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Crane conoció a su esposo, el publicista Ira Sturtevant (izq.), en una reunión de trabajo. “Sí, he visto ‘Mad Men’. Algunas cosas eran como en la serie otras no”, bromea.

“Cuando me enteré de que iban a venir, pedí por favor que me dejaran ir a la reunión y llevar mi prototipo”, cuenta.

Al final de la presentación, uno de los publicistas se acercó a mirar aquella cajita –que algunos han señalado que se asemeja un juego infantil de química– y le dijo: “Así que esto es lo que estamos haciendo”.

Cuando volví esa noche a casa le dijo a su compañera de piso que había conocido al hombre con el que iba a pasar el resto de su vida.

“¡Y fue verdad!”, exclama con entusiasmo.

Se trataba del publicista Ira Sturtevant, con quien fundó su propia agencia de publicidad Ponzi&Weill, que estuvo a cargo más tarde del mercadeo del producto.

Ambos estuvieron casados 41 años hasta que Sturtevant falleció en 2008, a los 84 años.

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El prototipo de 1968 que Crane diseñó poco después de su visita a los laboratorios de Organon fue adquirido por el Smithsonian en una subasta en junio pasado por US$11.875.

Tras su pista

Mientras el uso del “Predictor” se extendió y se hizo tan común que las actuales usuarias –en su versión más moderna– quizá ni piensen en su origen, la historia de Crane no pasó más allá de su círculo de amigos y clientes.

En 2012, coincidiendo con el 35 aniversario de la prueba, la revista Time publicó un artículo titulado: “En busca del primer test casero de embarazo”.

Los Institutos Nacionales para la Salud de EE.UU. (NIH, por su sigla en inglés), la institución Smithsonian –que gestiona más de una docena de museos públicos de Washington DC– y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) buscaban para sus archivos uno de los primeros test.

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Fue ahí cuando su familia la animó a que se diera a conocer.

Crane todavía guardaba el prototipo y una de las primeras pruebas de las que se comercializó en Canadá. Su envase, con las instrucciones en francés y en inglés, está intacto. Precisamente los dos objetos con los que se hizo el museo de Historia de América.

Pieza de Museo

El museo se interesó en este objeto porque “cambió la forma en que las mujeres supieron de su embarazo, dándoles más control para saber en sus propios términos y en la privacidad de su casa”, según le explicó a BBC Mundo Alexandra Lord.

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Lord, directora y conservadora de la división de Ciencia y Medicina del Museo Nacional de Historia Estadounidense, aseguró que “el Predictor fue un gran avance en la forma de entender y ver el embarazo”.

La institución destaca además la hazaña de Crane; cómo alguien que no es científico “vio y entendió cómo un proceso científico puede ser acercado al público general”.

Su uso se extendió no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo y evolucionó hacia un diseño más sencillo y rápido como el actual.



BBC

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